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Duarte y la poesía
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Mateo Morrison

La temática relacionada con los hechos patrióticos y las hazañas de los héroes nacionales de cada país ha sido una fuente inspiradora de la poesía durante todas las épocas. Nuestro Padre de la Patria ha sido material poético a través de nuestra historia republicana.

El fenecido intelectual mocano Julio Jaime Julia recopiló desde la dirección del Archivo General de la Nación, un volumen contentivo de una amplia muestra de lo que él denomina Poesía Duartista.

El tono característico de estos poemas está inserto en una tradición lírica de la cual el mismo Duarte forma parte.

El más puro de los dominicanos fue permeado por el romanticismo, movimiento que dejó huellas en forma significativa en los portaestandartes independentistas de nuestra América.

En su ensayo Duarte Romántico, don Emilio Rodríguez Demorizi hace una importante reflexión acerca de la influencia del poeta inglés Edward Young. A partir de la carta que Duarte envía a su amigo Félix María Del Monte, nuestro insigne patriota señaló:... “pues si bien dice Young que cual las flores que se cierran a la caída de la tarde así el corazón del hombre en la tarde de la vida, el mío aún ha permanecido abierto al amor de la Patria”.

Es importante señalar el estreno que hicieron Los Trinitarios de la obra Hermani de Víctor Hugo y es notoria la devoción del Padre de la Patria por los autores del Siglo de Oro Español.

Dice el poeta Abelardo Vicioso en su libro El Freno Hatero en la Literatura Dominicana, refiriéndose a Duarte como creador literario: “El mejor acierto poético de Duarte es el Romance del Destierro, cuyo delicado fondo lírico en el contexto de la forma narrativa, y la expresión del sentimiento patriótico en la combinación estrófica más popular de la lengua castellana, le han merecido elogios encendidos de la crítica”.

El tono melancólico de este romance adquiere grandeza cuando se aprecia que la que gime en el corazón del poeta es la patria misma: “Era la noche sombría / y de silencio y de calma; / era una noche de oprobio / para la gente de Ozama; / noche de mengua y quebranto / para la Patria adorada, / el recordarlo tan solo / el corazón apesara”.

El poema describe con indudable maestría el instante cargado de emociones en que él junto a sus compañeros de lucha eran lanzados al destierro por la “mano aviesa” de los anexionistas: “ellos que al pueblo le dieron / la independencia anhelada, / lanzados fueron del suelo / por cuya dicha lucharan; / proscritos, sí, por traidores / los que de lealtad sobraban...” En esa poesía, el yo romántico del poeta evidencia claramente su condición de simple transmisor de emociones, de cauce por el cual pasan profundos acentos colectivos.

Los versos finales son un reflejo directo de una realidad popular que vaga, ya sin voz, en el ambiente de la patria estrangulada, y que él recoge, con indudable vocación poética, para que sea eterna lección a las generaciones nacionales a través de la palabra artística: “se les miró descender / a la ribera callada, / se les oyó despedirse / y de su voz apagada / yo recogí los acentos / que por el aire vagaban”.

 

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