CAZANDO DUDAS.- Edwin Omar Cabrera González, El Muerto, fue enviado al otro barrio, y lo mismo Junior Javier Minaya, o Gilbert, sospechoso de acabar con la vida del primero. Dos hombres jóvenes y violentos que se disputaron el dominio de una zona y que fueron víctimas por igual de sus actividades delictivas. Dice el refrán que “quien a hierro mata, a hierro muere”. Uno a manos de pandilleros y otro de autoridades. Sin embargo, aunque se sabe que están muertos, la apreciación de los hechos resulta diferente. Nadie duda de que Gilbert y su banda atacaron a El Muerto, pero sí se pone en tela de juicio que muriera en un intercambio de disparos. Andaba armado y decidido a vender cara su existencia, incluso fue renuente a entregarse y se constituyó en un desafío para las autoridades. El desenlace era previsible como si fuera el guión de Mark Boal que Kathryn Bigelow convirtió en la película Zero Dark Thirty, que se sabe desde un principio que Osama Bin Laden terminará como una pieza de caza mayor. ¿Por qué no creer, pues, la versión oficial de que murió peleando contra un cuerpo élite de la Policía Nacional?...
LAS INTRIGAS.- La cuestión intriga. Se acepta como algo lógico y normal que Gilbert matara a El Muerto, pero no que enfrentara al cuerpo élite de la Policía Nacional que fue en su búsqueda, a pesar de haber demostrado que era un hombre violento y que no se arredraba ante nada ni nadie. Los derechos humanos se preocupan por establecer las circunstancias en que murió Gilbert, pero no de El Muerto, aun cuando este era considerado por sus vecinos de Herrera como generoso. Esa falta de discernimiento o esa forma caprichosa de favorecer a los malos afecta la imagen de las entidades y sus directivos, y se hace cada vez más evidente que no cuentan con verdadero aprecio en la población. Incluso, no se entiende cómo es que los delincuentes conocen los nombres, las direcciones y los teléfonos de sus representantes y utilizan su mediación o servicio cuando sienten que les pisan los talones. La situación no debiera sorprender, pues desde antiguo se dice que “quien tiene hechas, tiene sospechas”. Aunque queda claro que los delincuentes de este tiempo son más advertidos. Si saben del Código, con más razón de derechos humanos...
COSA DE MALOS.- La población ni la opinión pública se ponen a pensar que los agentes que enfrentan con las armas a los delincuentes, y no tienen reparos en liarse a tiros cuando las circunstancias obligan, son los verdaderos policías. Incluso, los filmes marcan la pauta: nunca enaltecen al manso, sino al violento. A Callahan, a CobraÖ El Muerto se mantuvo activo durante muchos años, pero no fue solo por su capacidad de supervivencia, de la que se cuentan muchas historias, sino por su connivencia con los responsables de la seguridad de Herrera y zonas aledañas. Si era generoso con sus vecinos, de seguro que igual con los policías. Daba alpiste, y el pájaro con el buche lleno se queda tranquilo en su jaula. Gilbert no pudo aprovechar el nuevo orden de un capo que sustituye a otro, pues las autoridades se vieron forzadas a actuar. Los imperativos de opinión pública no podían desconocerse y no había manera de que se produjera un tránsito a conveniencia. Gilbert no tenía las posibilidades de El Muerto, y pago todas las consecuencias. Las suyas y las de quienes se hicieron de la vista gorda...
SIGUE PENDIENTE.- El propósito pudo haber sido de “a rey muerto, rey puesto”, y que Gilbert ocupara el lugar de El Muerto. Pero no se pudo. El destape criminal llegó a extremos y era necesario cortar por lo sano. Sin embargo, la Policía Nacional tiene cuentas que rendir. No se ha vuelto a hablar de los agentes que acompañaban ña manera de guardaespaldasñ a la viuda de El Muerto, incluyendo uno de Amet. Puede suponerse que eran miembros de la banda, o que su connivencia llegaba a niveles de subordinación. No conviene que les den de baja sin decirlo, o sin publicarlo. Igual la madre de Gilbert denunció que las armas y los chalecos antibalas que usaba su hijo, fueron comprados a agentes que ella parece conocer. Estos hechos se perdieron en la controversia sobre las últimas muertes, pero fuera bueno que les dieran otra oportunidad. No debe olvidarse tres cosas importantes: La PN se vive quejando de falta de equipos, y lo poco que tiene, se vende. La frecuencia con que asaltantes visten ropa militar o policial, y la confusión que se origina. Y que si se tapa lo mal hecho, pagará la institución como organismo...