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23 Agosto 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 3:02 PM
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Vicente Aleixandre
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Mateo Morrison
msacalidadycultura@yahoo.es

Decir ahora que Vicente Aleixandre es un gran escritor resulta fácil. Lo encontramos en la escasa lista de poetas de lengua española que han recibido el Premio Nobel de Literatura.

Cuando este autor era apenas conocido por estrechos círculos en nuestro país, disfruté de un libro suyo que trajo mi amigo Roberto Santana, titulado “La destrucción o el Amor”. Hacíamos un viaje con tintes “subversivos” de Santo Domingo a Samaná en un autobús confortable, contrastando con nuestra ideología proletaria.

Ni siquiera las jornadas intensas del día anterior, supervisando la estructura barrial del partido en el Distrito Nacional, ni el intenso ejercicio de la mañana cuando Milton nos recordó, a las 6:15 am, que teníamos varios minutos de retraso en nuestro compromiso cotidiano de mente sana en cuerpo sano, nos hicieron dormitar en el cómodo vehículo para turistas. El poeta español se apoderó con su obra llena de símbolos cerrados de todo el viaje.

Decidí hace un tiempo volver a Aleixandre en forma más calmada, pero quise iniciar por su poesía casi juvenil a través de su texto en prosa Pasión de la tierra.

La primera edición se publicó en México en 1935.

Tengo en mis manos la tercera edición publicada por Cátedra y editada por Gabriele Morelli, quien expresa: “Pasión de la tierra es una obra extremadamente significativa por tratarse de la primera incursión de la literatura española en el surrealismo poético”.

Recorrer esta obra nos recuerda a otros autores que a una edad temprana han dejado obras definitivas y en algunos casos no superadas por los textos de madurez.

En este caso lo que más quiero destacar es lo señalado por Gerardo Diego sobre esta obra cuando expresa: “Este libro de poemas en prosa (1928-1929) es el menos conocido entre los de Vicente Aleixandre pero no el menos profundo e importante”.

Considero que es evidente la cercanía de este libro al espacio surrealista sobre todo al automatismo. Aleixandre una vez más me convence de su lugar excepcional en la lírica española de todos los tiempos, formando parte de una tradición que viene desde el Siglo de Oro hasta nuestros días.

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