Ya he hablado otras veces de la proverbial indelicadeza de los perredeístas en sus pleitos eternos y su forma tan peculiar de sacarse los trapitos al sol.
Nadie tiene tanta destreza para descalificarse entre sí. Y en su infinita garata son capaces de todo...
-Desde los tiempos de Bosch, a quien llamaban el ovejo;
-A Thelma Frías la acusaban de loca porque decía muchas verdades;
-De Miolán decían que era “insaciable con el dinero”, siendo uno de los políticos más honestos y pulcros que hemos tenido;
-A Peña lo negrearon y lo haitianizaron hasta la desesperación;
-A Jacobo le formularon todas las acusaciones posibles, le combinaron su nombre con el del felino de peor costumbres (Gatobo), le dieron un tumbe convencional y terminaron sacándolo a empujones del partido.
-Al pobre Antonio Guzmán le levantaron tantas calumnias, aún siendo Presidente, que lo llevaron al suicidio.
-Jorge Blanco fue apostrofado hasta el fin de su gobierno y abandonado a su suerte hasta que Balaguer lo trancó y botó la llave;
-A Hatuey lo botaron como a un zapato viejo porque pensaban que jamás bajarían del poder...
Y el último --¡ése mismo, Hipólito Mejía!-- lo decía con su peculiar vocabulario cargado de frases impublicables:
“Todos --los perredeistas-- se viven c... en mí”.
Eso lo dijo nada menos que en una entrevista con el periodista Jorge Ramos, de Univisión.
Ahora, en sus 74...
Ahora en enero, dentro de unos días, el glorioso PRD cumple sus 74 años de vida... Buena ocasión para revisar esta historia cargada de garatas internas que no le han dado respiro a la formación partidaria más antigua de nuestro país y que tantos aportes ha hecho a la democracia.
Precisamente cuando comenzaba un programa de actividades para conmemorar la fecha, el grupo más beligerante del perredeísmo, el PPH, ha tomado como punta de lanza las afirmaciones de Sobeida Félix, una de las amantes de Figueroa Agosto, para tratar de descalificar al líder del grupo contendor y presidente del partido, Miguel Vargas Maldonado.
Ya antes los contrarios a Mejía habían sacado a relucir los supuestos o reales vínculos de éste con el extraditado narcotraficante Quirino Paulino Castillo, a quien llevó al rango de capitán del Ejército, y encargó de su campaña reeleccionista del 2004 en la frontera-sur del país.
Es decir, que los perredeístas de uno y otro bandos se tiran las cajas... Pero también los cajones.
Cuando están en el cuadrilátero --o sea, siempre-- se agreden sin piedad, como los peores enemigos... ¡que lo son!
Ensillando el caballo
Hay quienes dicen que Hipólito Mejía está ensillando el caballo para su partida. Entre sus partidarios se baraja la alternativa de irse del PRD y formar tienda aparte.
El periodista Alberto Caminero, “perredeólogo” de nacimiento, publicó hace unos días en El Nacional un artículo sobre los planes de Mejía y su gente para “espantar la mula” como alternativa a un posible fallo adverso del Tribunal Superior Electoral, que conoce hoy un recurso de amparo sobre un juicio disciplinario al propio Mejía y tres de sus seguidores por violaciones estatutarias.
Es, sin duda alguna, una peligrosa aventura si se parte de la misma historia de ese partido: Todo el que se ha marchado, se ha marchado solo...
Sus fundadores, hace 74 años en La Habana, se fueron yendo uno por uno del PRD... Hasta Juan Bosch se fue... Y en su primera experiencia electoral con su nuevo partido --el PLD, en 1978-- sacó apenas 18 mil votos.
Majluta experimentó también con un nuevo partido en 1990, y su votación se redujo en más de un 30 por ciento en comparación con el apoyo electoral que recibió cuatro años antes como candidato del PRD.
La experiencia de Hatuey es más aleccionadora todavía: no ha pegado una después que Hipólito lo sacó del PRD...
¡Porque esa cosa parece indestructible...!