EL AVERAGE.- El presidente Danilo Medina no puede quejarse. En un país donde es difícil lograr consenso entre iguales, hizo el milagro de la unanimidad. Bateó el primer día de juego para quinientos, de dos uno, y esa una hazaña a registrar en los libros de record. Los observadores de todos los litorales coinciden en que fue bueno su discurso de juramentación, pero malo el gabinete. La costumbre era decir que no llenó las expectativas, que en el caso sería de diez millones de habitantes, o que la administración será más de lo mismo. Si la partitura, como acepta todo el mundo, fue acorde a la circunstancia y al director se le tiene como confiable, no hay porqué ser mezquino y pensarse que los músicos estropearán la obra. La clave sigue siendo la puesta en escena. La comparecencia ante la Asamblea Nacional, impecable, aunque los nombramientos dejaron qué desear. Sin embargo, el problema fue de percepción, y la mala percepción fue culpa de los responsables, que no hicieron el trabajo y dejaron a la opinión pública librada a su suerte...
LAS SITUACIONES.- Las dificultades en armar los equipos, o ponerlos a trabajar con anticipación, dieron lugar a situaciones cuyas consecuencias debe pagar, y paga, la nueva administración. Así como no se conocían los incumbentes de los ministerios importantes, tampoco los responsables de las áreas de protocolo, prensa y comunicación. Además, los que vienen, nunca se llevaron con los que se fueron. Ahí la falla, y también el vacío. La gente atendió más a los funcionarios que se quedaban, que a los que llegaban. Y la razón fue muy simple. De los primeros, algunos eran conocidos incluso desde la gestión del l996, en tanto que entre los segundos había muchos sin identidad o por lo menos sin credenciales. Lo justo era que se entregara a los medios, junto con los decretos, las consabidas hojas de vida. La historia personal, profesional y política de los nuevos altos cargos. Los interesados pudieron haber hecho un balance, y sí el resultado no era halagüeño, por lo menos aceptable. Que es lo que está ocurriendo ahora con los novicios. En la revisión fueron subidos de categoría...
LA COMUNICACIÓN.- El ruido que se produjo alrededor del gabinete de Danilo Medina tuvo su origen, destino y razón de ser en la falta de entendimiento y autoridad en un área capital en los gobiernos de este tiempo. La comunicación. Sin mecanismos efectivos en este campo, cualquier administración tiene la mitad del pleito perdido antes de iniciarlo. La oposición se dio cuenta de que la comunicación era uno de los puntos fuertes del pasado régimen, y más que denunciarla, la persiguió con acusaciones que no siempre correspondieron a la verdad. La gestión de Medina piensa aplicar otro librito, y entre sus elementos claves cuenta la centralización. La hegemonía, pero no de un ente, sino de una persona. Ese es su derecho, y tal vez funcione, pero hay que decir que no pudo cumplir su primera tarea. Nada pudo haber sido más importante que informar los nombres y destacar las credenciales de los nuevos ocupantes de cargos. La opinión pública pudo haber sido mejor edificada, y de paso, tener una imagen más apropiada del gabinete...
EL REPARTO.- Lo que se dice es que esa tarea no pudo llevarse a cabo porque todavía el jueves 16, los responsables del área de comunicación durante la campaña, no se habían puesto de acuerdo. No sabían contener sus aspiraciones, pero tampoco el presidente, que se juramentó ese día, había hecho el reparto y ordenado los decretos. La antigua división no fue del agrado de Roberto Rodríguez de Marchena, quien ya superó la etapa del vocero, y se apropió (el término no es mío) del Ministerio de Información, Prensa y Publicidad. Pero con moña. En adición, o como parte del nuevo esquema, será director del Centro de Información Gubernamental. El de Omar Liriano. Quien, al parecer, ya no será el locutor oficial. Todo estaría mejor que bien, si no fuera porque algunos encargados de campaña se encuentran en el aire. Por ejemplo, Rafael Ovalle. Si Rodríguez de Marchena lo asume todo ¿dónde mandar al bueno de Ovalle? Y la pregunta no huelga, puesto que en situación similar andarían Sandy Lockward, Luis García y Nelson Encarnación...