La gran verdad se cifra en que el mal en el mundo es más importante que el bien. El bien es la base, pero la cumbre es el mal, decía el escritor francés Georges Bataille en su obra La Literatura y el Mal. La violencia es tan vieja como la misma humanidad y sus consecuencias provienen de las luchas que han librado los pueblos contra las injusticias y las desigualdades sociales a las que son sometidos por sus gobernantes.
De un lado, tenemos a Libia, Egipto, Túnez y ahora Siria, que son parte de este drama. Pero con violencia de guerra, aunque de otra forma, tenemos a Grecia, Italia, Portugal, Chipre y España, y muy pronto nosotros, si no hacemos los correctivos de lugar.
Estas luchas de los gobernados en contra de sus gobernantes podría decirse que son el resultado de la inmensa angustia, por impotencia, que padecen la gente y sus familiares en cuanto al crecimiento del fenómeno de la violencia y la problemática de las demandas insatisfechas. Todo esto es generado, fundamentalmente, por los efectos de las injusticias y las desigualdades sociales que hay en el mundo y del que solo unos cuantos se están beneficiando.
Muy parecido a la que hoy estamos viviendo los dominicanos con el auge de la violencia, para muchos generada por la gran cantidad de demandas insatisfechas que tiene la población.
Actualmente, la vida cotidiana del ser humano es afectada por la violencia. No hay, pues, dificultad alguna en admitir que la violencia ha sido, y es, en el pasado y presente, una constante insoslayable en las relaciones entre los individuos, grupos o clases sociales, y entre naciones o pueblos. Son tan fuertes sus huellas y tan insistente su crispado rostro (el de la violencia) que no han faltado voces que la hayan considerado como un destino humano inexorable.
De tal suerte que podríamos reconocer al esfuerzo de contención y dominación de la violencia en nuestro país como un impulso esencial de la formación de la sociedad establecido por un reducido grupo de políticos y empresarios corruptos que siempre le han cerrado el paso a la sociedad en su búsqueda de lograr una justicia social con equidad. Aunque la violencia en algunos de los casos emerge de los mismos grupos sociales político-empresarial al fracasar el equilibrio de sus intereses individuales antagónicos.