Puntos de vista 15 Febrero 2012
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MUCHACHOS CON DON BOSCO
Pedagogía del amor
Juan Linares, SDB
jlinares@mdb.do

Celebrábamos ayer el día del amor, día de los enamorados, día de la amistad. Una fiesta muy marcada por unos intereses muy claramente comerciales.

El amor es, ciertamente, un valor de primera magnitud, que tiene suma importancia para la persona humana.

La educación es una de las áreas en la que el amor juega un papel determinante, pues el amor está en la base de la educación, tanto en sus contenidos como en su metodología. Es por esto que hablamos de la pedagogía del amor.

En la educación hay muchas líneas de acción, y una de ellas es la que debe conducirnos  a educar “al amor y para el amor”, que es también educar para el encuentro, para las relaciones interpersonales. Buscamos a los demás, fundamentalmente, por afecto, porque les queremos y les amamos. La misma educación tiene como plataforma el encuentro con el otro.

Es de suma importancia aprender a vivir una auténtica relación personal para alcanzar una rica convivencia. Esta relación se aprende desde la experiencia tenida en el ejercicio pedagógico del educador con el educando. Para ello la pedagogía debe ser una pedagogía del cariño, del amor, de la ternura, del afecto, una pedagogía del corazón.

Don Bosco descubre que el eje central de la personalidad sólida y armoniosa del muchacho, es el afecto. Así, la relación educativa afectuosa se sitúa en el centro del desarrollo personal y se expresa en la calidad de trato y en la forma de comunicación.

Cuando hablamos de estima, de calor humano, de presencia cercana, nos referimos a esa capacidad de relacionarnos.

Cuando hablamos de amor pedagógico nos estamos refiriendo a la estructura que debe motivar a todo educador. Si para nosotros la familiaridad es la forma de la comunicación, el amor pedagógico es su esencia. Don Bosco decía: “Sin familiaridad no se demuestra el afecto y sin esta demostración no puede haber confianza. Quien quiera ser querido, necesita hacer ver qué quiere”.

El amor pedagógico es un amor exigente pues el que empuja a encarnar el sistema de valores que necesitamos mediante el compromiso y lo une “al sentido del deber”.

La educación tiene como objetivo el desarrollo integral de la persona y para ello ha de lograr como cimientos del sujeto educado la interiorización de los valores necesarios para afrontar, competentemente, la vida. Se trata pues de una educación en valores.

La felicidad de un pueblo depende de la calidad de educación en valores de sus ciudadanos.

Este amor pedagógico se caracteriza por el optimismo y da siempre una concepción positiva de todo joven.

Don Bosco, en su condición de educador nos invita a asumir el siguiente lema: “Procura hacerte querer”. De esta forma, el educador, porque ama, es amado y así consigue todo lo que quiere de los jóvenes.

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