El Poder Ejecutivo someterá al Congreso el proyecto de Presupuesto y Ley de Gastos Públicos para el año 2013 consignando el anhelado 4% del Producto Interno Bruto para la educación pública preuniversitaria. Se supone que las organizaciones sociales que se pasaron los dos últimos años movilizándose y presionando para que se aplicara este acápite la Ley de Educación, han quedado satisfechas.
La pregunta, entonces, es obvia y llega sola: Y después del 4%... ¿qué?
Porque no todos quedamos satisfechos con la simple asignación de recursos, convencidos de que para mejorar la calidad de la educación no basta con dinero a raudales. También hay que velar por la calidad de su inversión...y los primeros indicios ya generan cierta preocupación por el rumbo que van tomando las cosas.
Si bien es saludable la disposición de construir 10 mil aulas como paso inicial para poner el sistema educativo en condiciones de instituir la tanda única, y aumentar así las horas de clases que reciben los estudiantes, hay que estar claros en que esa tanda única no es panacea ni tabla de salvación de la educación dominicana.
Es fundamental que los estudiantes reciban más de las 2.5 horas diarias de clases que reciben en promedio actualmente, pero es preciso aclarar algo: Cantidad no implica necesariamente calidad. Y en las actuales condiciones, con el currículo vigente y con el personal docente que tenemos, no hay forma posible de dar el salto cualitativo que requiere el sistema educativo.
Para lograrlo es necesario abocarse a un gran pacto por la educación, que implique entre otras cosas una profunda renovación del personal docente. De lo contrario, seguiremos irremediablemente en la cola de los rankings de calidad en la educación.
Hay que entender que la educación no la vamos a transformar sólo con más aulas y escuelas bonitas, con comedores y canchas deportivas. Para cambiar esto es mucho lo que hay que hacer, más allá de la asignación de recursos cuantiosos. También necesarios y hasta imprescindibles.
Pero lo más importante es que cambien los maestros...primero su actitud, su mentalidad, y luego su capacidad, su aptitud...que sean maestros más que profesores.
Es ahí donde deben producirse las mayores transformaciones. Los maestros deben tener remuneraciones que les permitan una vida digna, lo que implica pagarles bien y dotarlos de mejores condiciones laborales, con salud y educación para sus hijos, con planes de viviendas y de retiro que les garanticen su futuro...pero si ellos no cambian, si no están mejor capacitados, con más y mejores herramientas pedagógicas, entonces de nuestra escuela seguirán saliendo muchachos con las mismas deficiencias que tenemos ahora. Con más horas de clases, más costosos, pero igual de incompetentes.
Para lograrlo hace falta que los profesores se desprendan de ese gremialismo aberrante que prevalece sobre la vocación y que comprendan que no todos pueden continuar en el sistema. Que tienen que colaborar en la ejecución de un proceso de retiro voluntario, y evaluar la posibilidad, junto al ministerio de Educación, de que se traigan maestros e instructores de otros países, tanto para impartir docencia como para integrarse al proceso de formación del personal docente, sobretodo en áreas donde sus falencias saltan a la vista, como las ciencias y las matemáticas.
En su reciente visita a España, el Presidente Danilo Medina solicitó al rey Juan Carlos apoyo para la capacitación magisterial precisamente en las áreas de ciencias y matemáticas, y por la vía diplomática esas gestiones van muy avanzadas.
Sin embargo, parece que esos puntos no están en la agenda de la asociación de profesores. Pero mucho menos de la coalición amarilla que tanto marchó por el 4%. Algo que podía esperarse, ya que el protagonismo y la vocería de ese movimiento la ostenta una consumada gremialista y ex presidenta de la ADP, quien no bien se habían asignado los casi 100 mil millones de pesos a Educación, inició una “lucha” por una mejoría en los sueldos de los maestros, reclamando un desproporcionado aumento a 40 mil pesos por tanda.
Resultaría lastimoso que alcanzado el objetivo del 4 por ciento no se aprovecharan esos recursos para iniciar el largo trayecto de la transformación del modelo educativo dominicano. La oportunidad de aprovechar el momento recae sobre el gobierno, pero también sobre toda la sociedad que debe comprender que un salto de calidad en la educación pública es el único camino para reducir la brecha enorme entre ricos y pobres y dotar a nuestro país de las condiciones mínimas que le permitan el tránsito hacia un desarrollo económico y humano con justicia social.
Constituiría un crimen de lesa patria perder esta oportunidad por irresolución, clientelismo, gremialismo aberrante o farsas politiqueras.
¡La lucha por la educación comienza ahora! Es cuando veremos si en verdad los amarillos querían una educación digna...o si era una farsa más de la comparsa. Como la que ahora tienen montada con una supuesta lucha contra la corrupción y la impunidad.