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Las Mundiales 8 Abril 2013
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FALTA INVERSIÓN
En América Latina el ingenio sobra pero falta apoyo a la innovación
LOS INVENTORES LATINOAMERICANOS ESTÁN POR TANTO EN DESVENTAJA RESPECTO A LOS DE OTROS LUGARES
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EFE
Bogotá

En América Latina hay mucho ingenio y creatividad, pero como dice José Ramón Ostaicoechea, uno de los dos únicos inventores latinoamericanos en el Salón Internacional de Inventos de Ginebra de 2013, "no hay cómo demostrarlo".

Entre los 45 países representados en la 41 edición del prestigioso salón ginebrino solo hay uno latinoamericano, Perú, que presenta un sistema de seguridad para puertas de altura regulable creado por Ostaicoechea y un sistema de tratamiento de aguas contaminadas por actividades mineras, obra de Silvana Flores.

Ambos ganaron plazas para ir a Ginebra a través de un concurso del Instituto Nacional de la Competencia y la Defensa de la Propiedad Intelectual de Perú (Indecopi), una iniciativa poco común en esta región.

Según datos recientes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la mayoría de los países de América Latina invierte en investigación y desarrollo entre un 0,1 y 0,6 % de su PIB, casi lo mismo que hace diez años, y la inversión anual de toda la región, incluido el Caribe, es casi la mitad de la de Corea del Sur.

Los inventores latinoamericanos están por tanto en desventaja respecto a los de otros lugares, pero en el pasado además tuvieron problemas para que se les reconociera la paternidad de sus obras en el resto del mundo.

La píldora anticonceptiva, el número cero, el café soluble, el sistema de huellas dactilares, el televisor a color, la birome o bolígrafo y hasta el avión tienen sello latinoamericano, pero es poco sabido y hasta cuestionado en algunos casos.

El brasileño Alberto Santos Dumont es reconocido en su país como el inventor del avión, un título que, sin embargo, se le adjudica en la mayor parte del resto del mundo a los hermanos estadounidenses Wilbur y Orville Wright.

Santos Dumont voló sobre París y ante testigos calificados en 1906 con el 14-Bis, un aparato diseñado y construido por él mismo, mientras los hermanos Wright volaron en 1903 sobre una playa de Carolina del Norte con su máquina voladora, denominada Flyer.

La diferencia a favor del brasileño es que el 14-Bis despegó por si mismo gracias a su motor aeronáutico y el Flyer no.

Según investigaciones costarricenses, Clodomiro Picado publicó en Francia un informe sobre las propiedades curativas de la penicilina en 1927, dos años antes de que lo hiciera el británico Alexander Fleming, pero pasó inadvertido y aun hoy es desconocido.

No tuvo problemas de reconocimiento el químico mexicano Luis Ernesto Miramontes, que junto a otros dos científicos, sintetizó en 1951 el compuesto noretindrona, base del primer anticonceptivo oral sintético y obtuvo la patente.

Otro mexicano, Guillermo González Camarena, desarrolló en 1940 el "Sistema Tricromático de Secuencia de Campos", que no es otra cosa que la primera televisión a color.

Miles de años antes los mayas incluyeron en sus sistemas de numeración un signo que representaba el cero.

En el siglo XX los hermanos uruguayos Félix y Raúl Leborgne inventaron la mamografía y la tomografía laríngea.

En la otra orilla del Río de la Plata un húngaro llegado a Argentina en los años 40, Ladislao Biro, desarrolló y fabricó en ese país la birome o bolígrafo.

Biro vendió la patente para Europa al francés Marcel Bich, que popularizó el invento y llegó a ser considerado su creador.

Otros inventos argentinos son el sistema de huellas digitales, ideado por el criminalista Juan Vucetich, y la jeringa descartable, inventada por Carlos Arcusin.

Los guatemaltecos Federico Lehnhoff y Eduardo Cabarrús inventaron el café soluble a inicios del siglo XIX.

En El Salvador, el invento más conocido en los últimos años es la premiada "turbococina", de René Núñez Suárez, que funciona con leña y es considerada "ecoeficiente".

El panameño Antonio Clément ha sido también premiado fuera de su país por un generador radial de magnetos permanente, eólico e hidráulico, y por un ecogenerador a pedales.

El médico y científico hondureño Salvador Moncada, del University College de Londres, descubrió en sus investigaciones sobre el cáncer el proceso por el cual las células enfermas proliferan y donde radica la energía que hace posible dicho proceso.

También descubrió la prostaciclina, contra los trombos que obstruyen las arterias, y tuvo que ver con el desarrollo del Viagra.

Colombia destaca por sus aportes a la medicina: en 1958 Jorge Reynolds inventó el primer marcapasos intravenoso, en 1964 Salomón Hakim creó una válvula para drenar el líquido cefalorraquídeo en casos de hidrocefalia y en 1986 Manuel Elkin Patarroyo creó la primera vacuna sintética contra la malaria.

El bisturí de diamante es una creación del médico y científico venezolano Humberto Fernández-Morán Villalobos, que también inventó el microscopio electrónico criogénico.

El médico ecuatoriano Edwin Cevallos es el padre del BIRM, un "modulador anti-retrovirus e inmune" que, según dice, sirve en el tratamiento de 62 enfermedades "intratables" y es usado ya en hospitales públicos de su país.

En el apartado científico, los cubanos exhiben orgullosos medicamentos como el Heberprot-P, para tratar la úlcera del pie diabético, la primera vacuna sintética humana contra la bacteria Haemophilus Influenzae, tipo B, y otra contra la meningitis.

En el terreno de las nuevas tecnologías destaca la nicaragüense Sheila Slick, que ha inventado al menos siete aplicaciones para teléfonos inteligentes y tabletas, para educar a niños en inglés y en español.

Pero hay otros inventos latinoamericanos no tan trascendentales, pero tan o más conocidos que los otros, que tienen que ver con deportes, como la "chilena", una jugada de fútbol creada por Ramón Unzaga a principios del siglo XX, o con bebidas, como el "mojito", la "margarita", la "capirinha" o el "pisco sour", o con ritmos musicales y bailes, como el tango, la salsa o el merengue.

En el campo de la gastronomía, la oferta es aun más variada.

Un invento para el futuro es el motor de plasma que desarrolla el exastronauta costarricense Franklin Chang, con el que pretende acortar el tiempo de los viajes al espacio e incluso poder llegar a Marte con naves tripuladas.  

 

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