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Kerry, el senador que quiso ser presidente y llegó a secretario de Estado
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Lucía Leal (EFE)
Washington

John Kerry dejó ayer atrás el Senado para jurar su cargo como secretario de Estado y cumplir así el sueño con el que se conformó después de ver escaparse la verdadera aspiración de su vida: la Presidencia de Estados Unidos.

Una ceremonia privada en el Capitolio convirtió a Kerry en el primer hombre blanco que llega a titular de Relaciones Exteriores de EE.UU. desde que Christopher Warren abandonara el cargo en 1997, menos de tres horas después de que su predecesora, Hillary Clinton, saliera de la sede del Departamento de Estado por última vez.

A sus 69 años, Kerry es también el primer estadounidense en casi medio siglo que ocupa un cargo en un gabinete después de haber perdido unas elecciones presidenciales, algo que no ocurría desde que Richard Nixon, vencido por John F. Kennedy en 1960, llegó a la Casa Blanca en 1968.

Derrotado por George W. Bush en las elecciones de 2004, Kerry volvió al Senado, donde ingresó por primera vez hace tres décadas. Su llegada al Departamento de Estado es, para él, una reivindicación de que su trabajo desde esa dura derrota ha servido para algo.

"Para mí, era esencial no compadecerme de mí mismo. Hay una diferencia entre deprimirse y decir: 'Qué demonios, es lo que hay. Vamos por un nuevo capítulo", indicó hoy al diario Boston Globe.

La victoria del demócrata Barack Obama en las presidenciales de 2008 le dio esperanzas de ocupar la cartera de Exteriores, pero vio con sorpresa cómo el senador afroamericano al que él ayudó a ascender en la Convención Demócrata de 2004 elegía en su lugar a Hillary Clinton.

Este martes, después de un mayoritario voto en el pleno del Senado, Kerry llegó por fin al objetivo para el que, según ha dicho Obama, se ha preparado no sólo durante sus 29 años en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, sino "durante toda su vida".

Nacido en 1943 en Denver (Colorado), el senador de pelo blanco y un metro noventa de estatura es hijo de un funcionario del servicio exterior y de una de las descendientes de la familia Forbes, una de las más antiguas y adineradas de Massachusetts.

"El trabajo de mi padre, tanto bajo presidentes demócratas como republicanos, me llevó junto a mis hermanos alrededor del mundo en un viaje personal que trajo a casa los sacrificios que los hombres y mujeres del servicio exterior hacen cada día por Estados Unidos", dijo Kerry en su audiencia de confirmación la semana pasada.

Los que le conocen aseguran que desde joven apuntaba maneras de líder: paciente pero rápido para ver las oportunidades, es un negociador nato.

Estudió Derecho en la Universidad de Yale, donde formó parte de la elitista sociedad secreta "Skull and Bones", en la que debatía con vehemencia sobre política con sus compañeros.

Tras su graduación, se presentó como voluntario a la guerra de Vietnam porque sentía que "era lo correcto", según ha dicho.

Herido dos veces, fue condecorado por sus servicios con una Estrella de Plata, una Estrella de Bronce y tres Corazones Púrpura.

La muerte de varios amigos en el frente le llevó a convertirse, a su regreso de Vietnam, en un activista contra los conflictos y en uno de los dirigentes de la organización Veteranos contra la Guerra.

En abril de 1971, con sólo 27 años, testificó ante el comité de Relaciones Exteriores del Senado -que años después presidiría- a favor de concluirla lo antes posible.

Entró en política formalmente en 1976 como fiscal jefe en el distrito de Middlesex en Massachusetts y en 1982 se convirtió en el vicegobernador del Estado.

En 1984 ganó el escaño como senador que ha ocupado hasta ahora.

Es católico y se ha casado dos veces. En la primera ocasión con Julia Thorne, una heredera de Filadelfia con la que tuvo dos hijas. Se divorció en 1988 y luego obtuvo la anulación eclesiástica para casarse con Teresa Heinz Kerry, viuda del senador republicano John Heinz, magnate de las populares salsas de ketchup.

En 2003, año en el que le operaron de un cáncer de próstata, lanzó su fallida carrera presidencial contra Bush, marcada por la incipiente guerra en Irak.

Kerry votó a favor de la invasión de 2003, pero después criticó duramente la política de la Casa Blanca en Irak, por lo que fue considerado por sus oponentes como un político veleta ("flip-flop").

Considerado del ala liberal del Partido Demócrata, como candidato en 2004 prometió promover las buenas relaciones de EE.UU. con los aliados y una reforma fiscal progresista.

Kerry no necesitará introducción para la mayoría de los líderes mundiales, con los que ha entablado relaciones durante sus años en el Senado, en los que demostró un gusto por la diplomacia "cara a cara" del que el Departamento de Estado espera ahora beneficiarse.

Precisamente una de esas relaciones estrechas es la que le ha valido más críticas: la que entabló con el líder sirio, Bachar Al Asad, antes de que comenzara el conflicto en el país. Kerry insiste ahora en que ese dirigente debe abandonar el poder y hoy adelantó que convocará una reunión sobre el asunto "en los próximos días".

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