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31 Octubre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 8:05 PM
La Vida 30 Junio 2013
Comentarios 1 - último digitado en 30 Jun a las 8:17 PM
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VOCACIÓN Y ENTREGA
“Ser maestro era algo sagrado”
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Yaniris López
yaniris.lopez@listindiario.com
Santo Domingo

Sus ademanes, su hablar quedo y dulce y el respeto que siente por el oficio al que ha dedicado su vida delatan la vocación de doña Dolores Sosa de Sánchez.

Es profesora. Aunque se retiró hace ya mucho tiempo de las aulas y en su cuerpo lleva las vivencias de 81 años, jamás pudo desprenderse por completo del magisterio .

Nació en Santiago. Tenía 22 cuando entendió que el secretariado (había estudiado en el mejor instituto comercial del Cibao) no era su vocación, que lo suyo era la enseñanza, labor a la que se entregó durante 26 años en la escuela de la comunidad Jima Abajo, en La Vega.

Corría 1955 y gobernaba Leonidas Trujillo, pero Dolores dice que en las escuelas no se escuchaba la palabra dictadura, y que para entonces era algo normal referirse al déspota como “padre de la patria nueva”, “primer maestro” y “generalísimo Trujillo”.

Dolores impartía el primer grado porque les fascinaba y aún le fascina alfabetizar. No recuerda, por supuesto, la cantidad de niños a los que enseñó a leer.

Para entonces las escuelitas públicas de los campos apenas llegaban al tercer grado de primaria. Ella fue la primera en impartir el cuarto en la escuela de Jima Abajo, que llegó a ser la principal escuelita de los campos de La Vega .

“En esa época la consideraban mucho, todo el mundo deseaba trabajar en esa escuela”, expresa doña Dolores.

Ganaba 35 pesos por tanda. Como tenía dos tandas y en esa época tardaban hasta dos meses para pagarles a los profesores recién nombrados, “cuando yo cogía esos 70 pesos pensaba: Ay, cuánto dinero”.

Su último sueldo, en el gobierno de Antonio Guzmán, hace 31 años, fue de 300 pesos: 150 por tanda. Dolores también dio clases nocturnas para adultos a cinco pesos y medio la hora.

Los padres la buscaban para que alfabetizara a sus hijos porque siempre fue una maestra dedicada, especial, que no limitaba sus clases al aula.

Doña Dolores salía con sus alumnos a ver a los enfermos, a presen tar los respetos en los velorios si fallecía algún familiar. De vez en cuando pedía permiso y se los llevaba a su casa -donde había dejado preparando helados en potecitos de compota- y les ofrecía brindis y les ponía canciones y juegos infantiles.

Nunca participó en las huelgas de los maestros porque, como explica: “Yo sabía lo que iba a ganar.

No voy a huelga porque me pagan para trabajar y cuando comencé sabía lo que iba a ganar y acepté.

Nunca he pertenecido a la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) porque nunca está conforme con ningún gobierno. Si me pasa algo a mí, la ADP no me va defender, porque no soy miembro, me va a defender una comunidad que me quiere, que me adora; y si esa es la que me va a defender, la que me quiere, yo tengo que darle las clases a sus hijos…”.

Maestra permanente
Doña Dolores se casó en 1957 con Armando Emilio Sánchez. Se pensionó para dedicarse a sus hijos (cinco, todos profesionales que a los cinco años ya sabían leer) y se mudó con la familia a la capital en agosto del 82. No tardó en ponerse a la orden del colegio más cercano, donde inscribió a su hijo pequeño.

“Mire, que soy maestra pensionada, me pongo a sus órdenes para lo que necesiten, cualquier niño que se ponga malo me lo llevan a mi casa”, recuerda que le dijo a la directora.

Hasta hace poco, en su casa de Los Ríos -allí vive desde 1993-, doña Dolores continuaba alfabetizando.

Le gusta enseñar a muchos niños a la vez, indica, incentivar la competencia entre ellos, motivarlos a aprender...

“Yo alfabetizo a un niño en dos o tres meses. Y cuando lo alfabetizo, te lee dondequiera”.

La clave, dice, está en el dictado, “porque si el niño coge dictados es porque lo que se le dicta lo sabe leer y lo sabe escribir”.

Nunca utiliza las palabras ‘¿quién se atreve?’ porque piensa que le infunde temor al alumno.

“Les pregunto: ¿quién quiere hacer…? Y funciona. Al principio les digo que no me gusta dar clases, sino jugar, y así empezamos .

Cuando veía que mis alumnos tenían dificultad para aprender, me los sentaba en las piernas”, sonríe

Querida
Y RECONOCIDA...

Doña Dolores ha recibido muchos reconocimientos durante su trayectora profesional.

En 1993, el Ayuntamiento de La Vega la declaró hija adoptiva de Jima Abajo De la carrera suele decir: “Los maestros de ahora son más preparados que los de antes, pero eso no es importante si no tienes vocación. Antes, ser maestro era algo sagrado, el maestro se respetaba mucho”.

COMENTARIOS 1
Comentó: 789789
De: República Dominicana, municipio este santo domingo
SI era algo sagrado hasta el 1970
30 Jun 2013 8:17 PM
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