La cordura abunda en personas inteligentes, de corazón humilde y en aquellos que con sus esfuerzos han obtenido éxitos en sus vidas. Claro, puede conseguirse en cualquier lugar y para hallarla es solo asunto de escuchar y quitarnos los prejuicios que nos invitan a descartar a aquellos que por alguna razón económica, racial, social y hasta moral juzgamos. Tenemos que saber con quién andamos, ser selectivos con nuestros amigos, pero siempre estando abiertos a aprender de todo, incluso de personas que solo miramos de lejos o que apenas saludamos. Por más cuerda que sea una persona, siempre habrá debilidades que a ojos de otros son demasiados simples como para “cojear” de esa manera. Por más ignorante que sea una persona siempre tendrá experiencias enriquecedoras que son quizás las que le hagan falta al que es más sabio. Por eso, cuando otros hablan es mejor callar, cuando otros actúan es mejor observar. Si las palabras que escuchas son necias y la conducta es errada podrás reafirmarte y evitar no actuar o decir tales palabras. Hay imitar la buena cordura.