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La Vida 1 Abril 2013
Comentarios 3 - último digitado en 1 Abr a las 4:37 PM
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EN CIFRAS

Varones abusados

LOS NIÑOS VÍCTIMAS DE ABUSO TIENDEN A SUFRIR MÁS QUE LAS NIÑAS PORQUE CASI SIEMPRE GUARDAN SILENCIO
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Marta Quéliz
martha.queliz@listindiario.com
Santo Domingo

Unos ojos llorosos que reflejan su profunda tristeza, dos manos que se estrechan como en búsqueda de consuelo y una figura que languidece ante la desesperanza es el panorama que se observa al entrar al oscuro cuarto donde Beto (nombre ficticio) se esconde para ocultar su pena.

 Sus 13 años no han sido suficientes para hacerle entender el porqué de la crueldad que le arrebató su inocencia. Fue víctima de abuso sexual. ¿Su verdugo? Su propio primo. La historia de Harry (nombre ficticio), no es menos impactante. Fue abusado a los 6 años por un vecino cercano a su casa, quien aunque fue a la cárcel fue liberado porque sus relaciones con la justicia al parecer no estaban nada mal. Hoy Beto y Harry forman parte de los miles de infantes varones violados sexualmente en el país.

Las garras del abuso
En República Dominicana hay cifras que revelan que la incidencia de varones abusados sexualmente es alta. Sin embargo, no son exactas, pues no todos los casos son denunciados. Un estudio de incidencia de abuso a niños, niñas y adolescentes en las fiscalías de República Dominicana, presentado por Plan, devela que en un período de seis meses, de los casos recibidos por abusos sexuales hacia menores de edad, 92% fueron contra niñas y adolescentes frente a un 8% de víctimas niños y adolescentes varones. En general, detalla el informe que el 41 por ciento cursaba entre el quinto y el octavo grado de la educación básica. La situación suele ser más compleja, pero según la sicóloga Olga María Renville y el sociólogo Porfirio Monción, no se sabe lo suficiente porque la mayoría de los casos quedan impune. ¿La razón? Casi siempre el menor es abusado por algún familiar, un vecino o alguien muy allegado a la familia. 

Cuando se entera, la familia sufre con el menor agredido. En muchos de los casos, se sumergen en las “aguas de las frustraciones” porque casi siempre el horrendo hecho es perpetrado por un familiar. Por un lado deben lidiar con los traumas del menor abusado, mientras que por otro tienen que hacer frente al problema familiar desatado, sobre todo en el caso específico de Beto, quien fue violado por su primo. “Yo lo dejaba acostado para irme a trabajar. Nunca lo descuidé, bueno eso creía yo, porque no imaginé que mi propio sobrino fuera a hacer una cosa así”, relata entre sollozos la madre de Beto, quien también pidió no ser identificada.

Testimonios
Empuñada en sus manos Beto tiene su historia. La guarda con tristeza y pocas veces habla de ella. A muchos ruegos y paulatinamente, deja salir algunos datos y entre llanto dice: “No quiero hablar de esas cosas que me hacen tanto daño. Nada más le voy a contar una parte”. No lo obligamos y dejamos que, como dueño de su desgracia, dijera lo que entendía. De inmediato y sin dejar de llorar comenzó a relatar los hechos. “Cuando yo tenía 8 años mi mamá se iba a trabajar tempranito y me dejaba donde mi tía porque yo estudiaba en la tarde. Me acostaban con mi primo que es más grande que yo. Al principio no me hizo nada, pero después de un tiempo comenzó a ponerme la mano y a mí no me gustaba”, hace una pausa para calmar el llanto.

Se repone un poco y prosigue: “Le dije que se lo iba a contar a mi tía y a mi mamá cuando llegara, pero él me amenazó y me dijo que si lo decía me mataba. Yo era muy chiquito y creía que era verdad que me iba a matar. Cada vez me manoseaba más hasta que un día me violó”, irrumpe en lágrimas y los presentes le acompañamos. Era duro ver el rostro desolado de un menor de 13 años que carga con historia tan pesada que, solo el tiempo, la ayuda sicológica y el afecto familiar, podrían alivianar.

Un poco más tranquilo continuó su relato. “Ya lo tenía como costumbre. Y aunque yo le decía a mami que me dejara solo en la casa, decía que no porque había mucha gente mala”, suspira dejando claro que la maldad estaba dentro del seno familiar.

“Y ya no quiero seguir hablando de esto. Cada vez que me acuerdo que duré tiempo con ese cuco me da deseos de morirme”, un “cállate” de su madre lo interrumpió. “Tú dices así porque no fue a ti”. Eso fue lo último que dijo Beto y ya no quiso contar más de aquella experiencia que lo marcó para siempre.

Su madre tomó la palabra y prosiguió hablando del tema. “Mire, usted sabe por qué él está así, porque yo no tengo recursos para llevarlo a un sicólogo y somos mi mamá y yo que, en nuestra ignorancia hablamos con él”, expresó con sus ojos llenos de lágrimas.

Contó que fueron cinco años que el primo ya de 20 años duró abusando de su hijo. “Era 15 que tenía esa bestia cuando comenzó a violar a mi muchachito”.

Cuenta que cuando se enteró no supo qué hacer, pero que cuando quiso reaccionar para tomar la justicia por sus manos: “Ya iba lejos esa malnacido”. Con las manos cubre su cara y comienza a llorar. En esa familia hay muchos corazones destrozados, muchos sueños truncados y lo peor, mucha sed de venganza.

En el caso de Harry las cosas no son tan distintas. Fue violado a los seis años y no tenía ni idea de la magnitud de lo que le estaba pasando. Hoy a sus 11 años habla del tema con mucho pesar y asegura que cada vez que piensa en que le ocurrió “aquello”, llora y siente como si todo el mundo lo supiera. “Creo que todo el que se queda mirándome es porque sabe lo que me pasó”. Y así, cabizbajo, cuenta que cada vez que escucha hablar de alguien que violó a otra persona, le molesta y solo piensa en que cuando sea grande va acabar con eso.

Su tutora, que es su abuela, lo corrige, pero al mismo tiempo no deja de darle la razón cuando dice: “A todo el que hace una cosa así deberían sacarlo del medio para que no siga haciendo daño”.

Quizás por la cruda infancia que le ha tocado vivir, Harry habla y hace gestos como si fuera hombre adulto. “No crea usted que porque a mí me hicieron esto yo me voy a convertir en pájaro ni tampoco le voy a hacer lo mismo a otros niños. Nada de eso. Yo sigo ahí en mi escuela y aunque a veces me siento mal, trato de hacer lo que pueda”, expresa haciendo ademanes de esos que identifican al llamado “tigueraje”. Pese a la valentía que en ocasiones demuestra, no deja de advertirse una profunda debilidad, y al igual que a su abuela, a través de sus ojos se puede observar que le satisface el hecho de que su agresor fue apresado, cosa que no siempre sucede.

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LA SOCIEDAD TIENE CUOTA DE RESPONSABILIDAD

El sociólogo Porfirio Monción atribuye la ocurrencia de este tipo de atropellos a la descomposición social del país. “Para nadie es un secreto que la inversión de valores está tomando cada vez más fuerza en la sociedad, y algunos padres están haciendo caso omiso a esta realidad que nos arropa”. 

Entiende que todos los que conforman una población, de algún modo tienen su cuota de responsabilidad. “Las autoridades por la deficiencia en la educación, las familias por no fomentar los valores en el seno familiar, y la sociedad por imponer pautas y poner todo lo que está a su alcance para que se repitan los patrones de conducta”.  Considera que, cuando en República Dominicana se deje a un lado la lucha de poder, se piense más en el bienestar de los ciudadanos y se creen campañas de concienciación sobre los valores morales, entonces, casos como éstos, al menos se reducirán”.

Reglamentos de la Ley
El Código para el Sistema de Protección y los Derechos Fundamentales de Niños, Niñas y Adolescentes o la Ley 136-03, en su artículo 12 sobre Derecho a la Integridad Personal, establece que: Todos los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a la integridad personal. Este derecho comprende el respeto a la dignidad, la inviolabilidad de la integridad física, síquica, moral y sexual, incluyendo la preservación de su imagen, identidad, autonomía de valores, ideas, creencias, espacio y objetos personales. Mientras que en su artículo 14 sobre Derecho a que sea Denunciado el Abuso en su Contra dispone que: Los profesionales y funcionarios del área de la salud, pedagogía, sicología, trabajo social y agentes del orden público, y demás personas que tengan conocimiento o sospecha de una situación de abuso o de violación de los derechos del niño, la niña o adolescentes, están obligados a denunciarla ante las autoridades competentes, estando exentos de responsabilidad penal y civil con respecto a la información que ofrezcan. 

Las sanciones también están contempladas. En el artículo 396 del referido código, sobre Sanción al Abuso Contra Niños, Niñas y Adolescentes, se establece que: “Todo aquel que incurra en abuso físico, sicológico y sexual será castigado con penas de dos a cinco años de prisión y multa de tres a 10 salarios mínimos establecidos oficialmente y vigente al momento de cometer la infracción. Esto aplica si el autor o la autora del hecho mantiene una relación de autoridad sobre el infante y se diagnostican lesiones severas, comprobadas por el especialista. Si el agresor es extranjero y el abuso contra el infante se hace por negociaciones o tráfico, el castigo es el doble de la pena.

Si la agresión es por parte del padre, la madre, tutores u otros familiares serán sancionados con privación de la libertad por dos o cinco años y con un pago de uno a cinco salarios mínimos. En todos los casos la pena debe ir acompañada de un tratamiento sicoterapéutico. 

COMENTARIOS 3
Comentó: thedrmat
De: Canada
Quien incurre en una monstruosidad de acto asi contra un ninito o ninita inocente NO MERECE VIVIR!! PUNTO!!
1 Abr 2013 2:39 AM
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Comentó: LUZCLARITA
De: República Dominicana
Se necesitan leyes mas fuertes para castigar esta monstruosidad de crimen.Se necesita mas educacion para los niños en las escuelas,clubes,iglesias,hospitales, y todas las agrupaciones sociales.Se necesita educar y entrenar a los padres,madres y tutores para que sepan como actua un niño abusado.
1 Abr 2013 2:35 PM
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Comentó: Assma
De: Germany
La mayoria de las violaciones suceden dentro de la familia, y son los mismo familares que lo dejan todo tapado para no hacer escandalo.
1 Abr 2013 4:37 PM
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