http://images2.listindiario.com/image/article/419/680x460/0/15A4DB2E-10C1-4D04-8FE3-F48029CA9358.jpeg
Listin Diario
2 Septiembre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 1:35 AM
La Vida 5 Febrero 2013
0 Comentarios
Tamaño texto
FÁBULAS EN ALTA VOZ
Ley del embudo en el amor 
Compartir este artículo
Marta Quéliz
martha.queliz@listindiario.com

Henry tiene una cara bonita, un cuerpo fornido, una inteligencia prodigiosa, el éxito económico dentro de sus bolsillos y, por si fuera poco, es dueño de unos modales que dejan al descubierto sus atributos de gran caballero. En fin, tiene un sinnúmero de cualidades que lo convierten en el prospecto perfecto para cualquier mujer. Sin embargo, ha puesto sus ojos en Anabel, quien ostenta también muy buenas cualidades. La dificultad está en que a ella no le atrae Henry. Prefiere un hombre más simple y no ha vacilado en decírselo. La reacción del joven no ha sido la más favorable. Cree que es obligado que ella lo acepte. Ahí está su lado imperfecto. El amor no se obliga. Anabel es de las jóvenes que no se dejan impactar por la apariencia. Su accionar procede de una ciudad fabulosa que visitó para conocer cuál es la clave para tener una relación exitosa. En ese lugar se aplica la ley del embudo en el amor, la cual consiste en inclinarse por lado angosto al entrar; es decir, en visualizar el esfuerzo que hay que hacer para ganarse las cosas. Es asunto de elegir lo difícil. Sí, ese lado estrecho que nos dificulta la entrada y que supone el luchar para echar hacia adelante y conquistar luego ese lugar de gloria que se ampliando a nuestro paso y nos hace conseguir la holgura que queremos, pero con una base firme. 

De visita por aquella ciudad Anabel observó lo fructífero que es llegar al éxito en las relaciones de pareja cuando se unen voluntades con un solo propósito: obtener triunfo para disfrutarlo entre dos. Allí la joven descubrió que sus necesidades no se satisfacen con cosas vanas, que más allá de lo material hay un mundo espiritual que puede transitarse desprovisto de todo lo material. Por esa razón, Henry con todas sus cualidades no es el hombre que está buscando. Ella prefiere empezar de cero para sustentar sus logros en una base firme. Lo hace sabiendo que la cultura dominicana en la actualidad no comulga con lo que ella busca. En su realidad se encuentra con amigas que sí utilizan la ley del embudo, pero del lado contrario. Prefieren entrar por ese lado ancho que muchachos como Henry pueden ofrecerles. Mas, dejan de lado que al entrar por ese tipo de puertas son muchas las experiencias amargas que deben pasar para mantenerse en esa “gloria” que, al terminar le deja el camino estrecho a su disposición dificultándole la salida. Por esa razón, luego de probar ese mundo de bienestar hacen cuantas cosas puedan para mantener el estatus y ¡vaya sorpresa!: Cuando ya no tienen más recursos para seguir viviendo en la abundancia, solo les queda conformarse con aprender a salir por la estrechez del embudo, el cual a veces se hace más estrecho cuando la opulencia se ve matizada, como en algunos casos, por el narcotráfico y otros “oficios” ilícitos que agrandan fortunas. Cambiemos el embudo como lo hizo Anabel. No todo lo que brilla es oro. 

COMENTARIOS 0
Este artículo no tiene comentarios
Comentarios | No tiene cuenta? Cree su cuenta | Recuperar contraseña
Debe estár logueado para escribir comentarios
Usuario Contraseña