“Los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz”. La sagacidad de la gente deshonesta no está inscrita en los planes de Dios. Parecería contradictorio, pero cuando esa misma sagacidad es utilizada para conquistar amigos, utilizando los bienes de este mundo para ponerlos al servicio de los más necesitados entonces adquiere otro sentido. Lo importante es que tengamos siempre el cuidado de no pervertir nuestra relación con Dios y con los demás.