La mayoría de gente que me conoce, sabe cómo reacciono ante situaciones difíciles, por ejemplo: ‘un amigo’ me viene a reclamar algo que vió mal en mí, pero no se fija en lo que está haciendo con su vida. ¿Cómo puedo confiar en alguien cuando le cuento algo personal, y me juzga?
En este mundo que es una jungla, que está lleno de ratas, leones, búhos y sobre todo de muchas víboras que se ponen en nuestro camino como obstáculos, hay que ser hábiles para saber esquivarlos cada día y no dejar que opaquen el rumbo de nuestras metas.
¿Cómo saber en quién confiar, y en quien no?
Hay varias señales que nos permitirán darnos cuenta de esto. La primera es que aquellos que dicen ser tus amigos más cercanos, se meten hasta en tu familia y son los primeros en sacar las garras, y poco a poco te das cuenta la clase de monstruos que son en realidad.
La segunda es que son interesados, se acercan a ti para conseguir un fin, pero si ven que ya no te necesitan te van buscando todos los defectos del mundo, claro, se van sintiendo superiores (seres incansables y perfectos).
Lo ideal es alejarse de ellos, tratarlos de manera normal, pero no como amigos, y estar con seres que nos sumen en la vida. Espero que lo que voy a decir no suene un poco incompresible, pero es mejor tener menos de cinco amigos, que tener demasiado, como los granos de arroz que te roben la paz cada día.
Reflexionando acerca de quienes están en nuestro círculo social, me he dado cuenta de que no hay que vivir para complacer a los demás ni mucho menos dar explicaciones de nada a gente que te va cuestionar sin saber por la situación estás pasando en esos momentos. Nuestro único y verdadero confidente debe ser Dios, ya que él nos ama tal y como somos, además es el único que nos puede dar la tranquilidad interior.