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2 Septiembre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 1:35 AM
La Vida 27 Enero 2013
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¿QUIÉN ESTÁ EDUCANDO AL PUEBLO?
“Hoy se cumple esta escritura que acaban de oir” (Lc 4, 21)
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Maruchi R. De Elmúdesi
melmudesi@hotmail.com

Durante toda esta semana, hemos estado escuchando en las lecturas de la liturgia diaria, la misión de Jesús, la elección de los discípulos, la rabia de los fariseos ante los signos que realizaba: sanaba a los enfermos, echaba los demonios, y demás obras de misericordia. La gente lo buscaba, lo escuchaba. “Hasta los espíritus inmundos se postraban ante Él y le gritaban: “Tu eres el Hijo de Dios”. Pero, él les prohibía que lo diesen a conocer”. (Mc 3, 12)

Y a pesar de esto, su familia no lo aceptaba, decía “que no estaba en sus cabales”.

Podemos ver en poco tiempo,  parte de la obra de Jesús en su caminar por los pueblos invitándoles a proclamar la Buena Noticia a toda la creación. La realidad del Reino de Dios y su justicia. Durante esta semana, hemos celebrado la fiesta de San Ildefonso, de San Francisco de Sales, la Conversión de San Pablo, los Santos Timoteo y Tito, grandes discípulos de Pablo, con sus cartas pastorales, en las que tratan los problemas prácticos referente a la vida de la Iglesia.

Contemplamos la gran riqueza que contiene la Historia de la Salvación.

Los Salmos, todos ellos también en esta semana nos hablan de la grandeza del Señor: “Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré como rocío, antes de la aurora”. (109)

“Alégrense y gocen contigo todos los que te buscan; digan siempre: “Grande es el Señor”. (39)

“Muéstranos Señor, tu misericordia y danos tu salvación”. (84)

“Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos”. (116)

“Proclamad día tras día su victoria. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones”. (95)

Y el Salmo de hoy que nos dice: “Tus palabras, Señor, son espíritu y vida”. (18)

Es el mismo Dios quien lo proclama, y ¿cómo dudan aún, a pesar de Él dar testimonio con su propia vida? Esa misma es la historia del que sigue los caminos del Señor. Con eso es que nos vamos a encontrar. Pero el Señor siempre estará con nosotros acompañándonos todo el tiempo, dándonos la fuerza para poder resistir los embates y las incomprensiones de nuestros hermanos, incluso de una misma fe.

“Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor y de mí, su prisionero. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios”. (2 Tm 6-8).

Es el mismo Señor quien nos manda: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”. Soy yo quien debe responder a ese mandato. Todos somos miembros de ese mismo cuerpo que es Cristo. “Ahora bien, Dios combinó las partes del cuerpo procurando más cuidado a lo que menos valía, para que no haya discordia en el cuerpo, y los miembros se preocupen igualmente unos de otros. Así, cuando un órgano sufre, todos sufren con él; cuando a uno lo tratan  bien, con él se alegran todos. Pues bien, somos el cuerpo de Cristo, y cada uno por su parte es miembro. En la comunidad, Dios ha establecido a algunos en primer lugar como los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros, luego hay milagros, luego el don de curar, asistencias, funciones directivas, la diversidad de lenguasÖ Pues, ambicionen los dones más valiosos”. (Cor 12, 24-30)

Debemos pues, estar agradecidos con los dones que el Señor nos ha regalado, lo que tenemos que hacer es darnos cuenta de ¿cuál es, o cuáles son? Y multiplicarlo con el servicio a los demás. Eso sería, pasar la vida haciendo el bien, que es lo que el Señor siempre hizo. El pasaje de Isaías, que leemos hoy, ya lo decía miles de años atrás y se cumplió en Jesús: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido”.

¿Por qué todavía no creemos? La verdad es que somos “de dura cerviz”. Que el Señor tenga misericordia de todos nosotros. Amén

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