A quien prepara viaje, las
interrupciones sorpresivas le toman, obviamente, de sopetón. Raras veces uno
contempla alguna interrupción por asuntos de salud. No por eso ha de detener
los planes.
Si no es ahora, será luego. Y en este
caso, lo primero es hacer la llamada correcta para proceder a la cancelación de
fechas. Así lo hago cuando, tras un examen general, me indican hacerme cateterismo.
De por medio están las fiestas de Nochebuena y Año Viejo. ¡Ni hablar! Mi
primera llamada es a Sonia Méndez quien, a través de Reliá/Prieto Tours, se ha ocupado
de casi toda la planificación de este viaje tan particular.
Es que pretendía pasar en Madrid estas
luminosas fechas, regocijándome de sus tradicionales adornos navideños y la
alegría que, pese a la crisis actual que tiene en paro a millones de españoles,
trasciende en sus calles.
Cancela el vuelo por Iberia, pero
cruzo los dedos para poder trasladarme en vuelo directo por esta aerolínea,
antes de que el primero de abril interrumpa definitivamente sus frecuencias a
República Dominicana. Me mal acostumbré al trato personalizado de Ana Adela Vásquez,
gerente comercial en Santo Domingo, quien amén de ubicarme en un asiento de los
que a mí me gustan se ocupa, entre muchas otras cosas, de que mi solicitud sea
cumplidamente tramitada para que en el tramo Santo Domingo-Madrid, tenga por
desayuno un sándwich de jamón y queso.
Me ocupo de cancelar directamente, lo
que directamente reservé: el hotel Gran Vía Tryp by Windham, de Meliá, que acepta
para alojamiento un par de noches en habitación exterior, con los “Avios” que tengo
ganados con la aerolínea.
El resto de días corre por mi
cuenta. En cuanto al hotel de Barcelona, es Sonia quien hizo los trámites en el
hotel Catalonia Berna, que elegí entre los varios de los cuales me dio la opción.
Está ubicado a unos pasos del Paseo de Gracia, una zona que de viajes anteriores
he caminado bastante.
Desde ahí puedo tomar el autobús “hop-on
hop-off” para apearme en los diversos puntos turísticos donde se detiene, o
irme caminando a muchos otros. Y de final, me cercioro que hayan cancelado igualmente
mi seguro de viaje.
Luego aviso a Quintín, el chofer que
me lleva al aeropuerto e igualmente acude a buscarme a mi regreso.
No pido devolución alguna de todo lo
pagado: boleto, hotel en Barcelona y seguro de viaje. Me dan un año para
utilizarlos y, sin dudar, empiezo nuevamente a preparar el viaje. La esperanza es
lo último a perder. Tengo doce meses por delante, y he de elegir la fecha que
mejor convenga, siempre y cuando la salud se recupere y los viajes no coincidan
con la preparación de Aldaba, la revista trimestral a mi cargo.