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La Vida 2 Enero 2013
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MEMORIAS DE VIAJES
Cuando posponer los planes de viaje es necesario
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Carmenchu Brusíloff
menudocb@yahoo.com

A quien prepara viaje, las interrupciones sorpresivas le toman, obviamente, de sopetón. Raras veces uno contempla alguna interrupción por asuntos de salud. No por eso ha de detener los planes.

Si no es ahora, será luego. Y en este caso, lo primero es hacer la llamada correcta para proceder a la cancelación de fechas. Así lo hago cuando, tras un examen general, me indican hacerme cateterismo. De por medio están las fiestas de Nochebuena y Año Viejo. ¡Ni hablar! Mi primera llamada es a Sonia Méndez quien, a través de Reliá/Prieto Tours, se ha ocupado de casi toda la planificación de este viaje tan particular.

Es que pretendía pasar en Madrid estas luminosas fechas, regocijándome de sus tradicionales adornos navideños y la alegría que, pese a la crisis actual que tiene en paro a millones de españoles, trasciende en sus calles.

Cancela el vuelo por Iberia, pero cruzo los dedos para poder trasladarme en vuelo directo por esta aerolínea, antes de que el primero de abril interrumpa definitivamente sus frecuencias a República Dominicana. Me mal acostumbré al trato personalizado de Ana Adela Vásquez, gerente comercial en Santo Domingo, quien amén de ubicarme en un asiento de los que a mí me gustan se ocupa, entre muchas otras cosas, de que mi solicitud sea cumplidamente tramitada para que en el tramo Santo Domingo-Madrid, tenga por desayuno un sándwich de jamón y queso.

Me ocupo de cancelar directamente, lo que directamente reservé: el hotel Gran Vía Tryp by Windham, de Meliá, que acepta para alojamiento un par de noches en habitación exterior, con los “Avios” que tengo ganados con la aerolínea.

El resto de días corre por mi cuenta. En cuanto al hotel de Barcelona, es Sonia quien hizo los trámites en el hotel Catalonia Berna, que elegí entre los varios de los cuales me dio la opción. Está ubicado a unos pasos del Paseo de Gracia, una zona que de viajes anteriores he caminado bastante.

Desde ahí puedo tomar el autobús “hop-on hop-off” para apearme en los diversos puntos turísticos donde se detiene, o irme caminando a muchos otros. Y de final, me cercioro que hayan cancelado igualmente mi seguro de viaje.

Luego aviso a Quintín, el chofer que me lleva al aeropuerto e igualmente acude a buscarme a mi regreso.

No pido devolución alguna de todo lo pagado: boleto, hotel en Barcelona y seguro de viaje. Me dan un año para utilizarlos y, sin dudar, empiezo nuevamente a preparar el viaje. La esperanza es lo último a perder. Tengo doce meses por delante, y he de elegir la fecha que mejor convenga, siempre y cuando la salud se recupere y los viajes no coincidan con la preparación de Aldaba, la revista trimestral a mi cargo.

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