La invalidación es un proceso a través del cual una persona trata de quitar a otra sus cualidades y valores. Atenta contra su autoestima. Estamos expuestos a ella desde nuestro nacimiento hasta la hora en que partimos de este mundo.
Se puede dar de una manera consciente o inconsciente. Por ejemplo, las personas que regularmente nos invalidan más en el proceso de desarrollo, son las que deberían estar llamadas a levantar nuestra autoestima: padres y maestros. Su invalidación es usualmente inconsciente y se da con la intención de protegernos, o de picar nuestro amor propio para hacernos reaccionar.
Cuando somos pequeños, nuestros padres, sin una mala intención marcada, nos hacen creer que no somos capaces de realizar tareas que suponemos podemos resolver, lo que afecta la forma que pensamos de nosotros mismos: “deja eso, tú no sabes hacerloÖ vete a ver televisión”, “te vas a caerÖ sal de ahí”, “lo vas a romperÖ no lo toques”, “muchacho más bruto que este...”
Los maestros a menudo somos también graduados en invalidación: “¿Cómo es que no entiendesÖ no pusiste atención?”, “¿cuántas veces hay que repetirte lo mismoÖ Cuándo vas a aprender?”. Y como arma usamos una de las invalidaciones más frustrantes, que es la comparación: “Tu hermano es más inteligente y aplicado que tú”, “mira qué bien lo hizo, en cambio túÖ”. La invalidación se contrarresta con la afirmación. Nadie tiene el poder de quitarnos nuestros valores a menos que se lo permitamos. Las personas llegan a nuestros sentimientos si le damos autorización, así que afirmemos siempre nuestras cualidades y valores diciendo: “soy inteligente, soy creativo/a, soy bonito/a... Yo valgo”.