“Llegue hasta ti mi súplica, Señor”. En tiempos de desolación o de una enfermedad que nos angustia, hagamos a manera de oración una súplica a ese Dios de bondad y abrigo salvador nuestro. Cuando nuestras fuerzas tanto físicas como espirituales se encuentran al límite, es el momento de inclinar la cabeza para pedirle al Señor que nos libre de los sufrimientos que nos abaten. Auxílianos Señor y muéstranos si es posible conocer la causa de tanto sufrimiento. Esperamos por ti Señor, no nos abandones.