ENFOQUE

Es difícil un acuerdo entreVargas Maldonado y Mejía

Guarionex Rosa
Santo Domingo

La creencia muy extendida de que entre el sector del PRD que dirige Miguel Vargas Maldonado y el de Hipólito Mejía, expresidente de la República, no habrá nunca ningún buen acuerdo, alimenta la impresión de que en el futuro solamente queda el camino de la división.

La controversia le ha dado una tregua al expresidente Fernández, atacado desde diversos frentes por sus adversarios y ha beneficiado enormemente al gobierno del presidente Medina, al cual nada tiene que pegársele en la borrasca política. Lo han dejado tranquilo.

No son únicamente los perredeístas los que parecen al extremo pesimistas con el caso que ha concitado el interés nacional en las últimas semanas, sino también el público en general sorprendido por el intento de asalto a la Casa Nacional y sus consecuencias.

El expresidente Mejía ha sido víctima de la censura y también de la burla en sectores que hacen opinión pública. Ocho días después de la turbulencia el exgobernante es caricaturizado en los diarios, los medios de televisión y las redes sociales como promotor de desórdenes.

Probablemente los mismos manejadores de las redes sociales, que coincidieron en algún momento con el PRD y otros opositores, sobre todo en el ataque al doctor Fernández, están activos en la condena a los acontecimientos que han dañado la reputación del país.

Mejía no dejó oportunidad a que se le excluyera como la persona que autorizó el asalto a la Casa Nacional en manos del sector llamado institucional, de Vargas Maldonado, porque la justificó bajo el supuesto que no había otra cosa que hacer. Fue fiel a su fama de guapo.

En retrospectiva se ve el error de bulto cometido por cuanto la interrupción de la reunión del Comité Ejecutivo Nacional ha venido al parecer a fortalecer al presidente partidario. La Casa Nacional, manzana circunstancial de discordia, quedará en manos de ese último sector.

Rumbo a la división
El expresidente Mejía y los suyos quizás no calcularon en el pico de la pasada campaña electoral cuando las encuestas le daban un lugar muy delante de Medina, candidato del PLD, que al final los números podrían revertirse y que Vargas Maldonado sería una ficha de importancia.

Las culpas, dirían los que se lavan las manos, están entre los dos hombres públicos porque si bien Vargas Maldonado no se sumó a la campaña favorable a Mejía, el entorno del expresidente no lo quería para nada, sobre todo cuando el festejo del triunfo se montó antes de tiempo.

Para qué iba a importar la ayuda de Vargas Maldonado cuando los numeritos le daban a Mejía más de 20 puntos sobre el candidato del PLD, se habrían preguntado algunos que nunca esperaron la evolución de los acontecimientos, el peso específico de Medina y el soporte oficial.

En esos días los principales puestos del Gabinete, la gobernación del Banco Central, la administración del Banco de Reservas, las superintendencias y otros cargos bien rentados estaban repartidos entre perredeístas y los mandos militares entre generales activos supuestamente aliados.

El triunfo de Medina dejó en cueros a los contrarios de Vargas Maldonado, que para desgracia, han perdido varios rounds en la lucha por controlar la organización, tras recurrir al Tribunal Superior Electoral, una de las altas cortes cuya entronización rechazaron temprano.

El expresidente Mejía cree que debe mantener su lucha a capa y espada por la dirección del PRD y tras él están amigos suyos y disimulados adversarios, quizá todos de acuerdo en que el ex gobernante no podría de ninguna manera ser el candidato presidencial en el 2016.

La última encuesta de Gallup-Hoy que deja en buen lugar al gobierno de Medina, al presidente mismo, a la vicepresidenta, al doctor Fernández y al PLD, anticipa que si las cosas siguen como van y aún bajo la hipótesis de un arreglo Mejía-Medina, la lucha sería cuesta arriba.

DM domina escena
El presidente Medina es el dominador del escenario político dominicano. Su comportamiento a poco menos de seis meses de haberse juramentado era inesperado para muchos, especialmente para los opositores radicales que lo vieron como más de lo mismo.

Medina, sin temor al qué dirán, ha puesto su sello en la administración pública. La gente valora el haber dispuesto el 4% para la educación y haber lanzado el programa de alfabetización. La distribución sin privilegios de la construcción de 10 mil aulas ha tenido un efecto movilizador.

Con la decisión de convocar a los ingenieros y arquitectos en todas las áreas a presentar sus propuestas para la construcción de obras públicas que antes manejaban grandes compañías, la economía se ha dinamizado y se sacó de la pobreza a constructores que estaban desempleados.

Las visitas semanales e inesperadas del presidente Medina al campo era algo que no se había hecho antes. Igual su decisión de que el Banco Agrícola apoye con firmeza a los agricultores tanto con préstamos como con aperos de labranza, semillas y mecanización de los predios.

Que la encuesta Gallup-Hoy dijera que la aprobación a la gestión de Medina llega al 81.3 por ciento de los encuestados posiblemente sobrepasaría las expectativas del gobernante. Barack Obama, el presidente norteamericano, está feliz con la aprobación del 60% en segundo mandato.

Los acontecimientos han venido a ayudar al expresidente Fernández en momentos de tribulación, si se parte de la lógica de que lo que beneficia al régimen de Medina y al PLD, tiene que favorecer de una u otra forma al líder de ese partido.

El doctor Fernández ha estado haciendo su papel sobre todo en el extranjero, donde no importan los gobiernos ni los liderazgos, le dan la distinción que creen le corresponde a quien como Presidente en doce años se dedicó a cultivar la posición del país y sus relaciones internacionales.