Tedeum en ocasión del Aniversario de la Restauración de la República e instalación del nuevo presidente Danilo Medina, 16 de Agosto de 2012.
1 Después del acto solemne de su Juramentación como Presidente de la República Dominicana ante la Asamblea Nacional y de la Juramentación de sus cercanos colaboradores en el Gabinete, viene Ud., Señor Presidente, con sus Ilustres invitados, a la Catedral Primada de América, levantada en las primeras décadas del siglo XVI y, como tal, testigo singular de las vicisitudes escenificadas en nuestro suelo, para dar gracias al Señor, como lo hacemos cada año, por la Restauración de la República después de la Anexión a España.
Creo que es justo comenzar mis palabras felicitándole, junto con la Excelentísima Vicepresidenta Dra. Margarita Cedeño de Fernández, por su Juramentación, que es el grave compromiso asumido ante Dios y ante el pueblo dominicano de cumplir con fidelidad las responsabilidades que ese mismo pueblo les ha confiado al elegirles para dirigir los destinos de nuestro País.
Estoy seguro que muchos de sus conciudadanos se unen a nosotros en esta acción de gracias y de súplica para que el Señor les asista en el desempeño de sus funciones.
2 Participamos en una liturgia que es fundamental-mente acción de gracias con el himno del Te Deum, sublime composición poética del genio de Santo Tomás de Aquino, que ha inspirado a grandes exponentes de la música. Es el himno de gratitud por excelencia que la Iglesia canta en ocasiones muy singulares como la que hoy nos congrega.
El Te Deum es una auténtica sinfonía en que toman parte todos los seres creados, comenzando por los ángeles y todas las potestades celestes, quienes proclaman reiteradas veces la santidad del Señor Dios del universo.
A ellos se une “el glorioso coro de los Apóstoles, la multitud admirable de los Profetas y la heroica legión de los Mártires” cuyas voces ensalzan a la Santísima Trinidad, Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Dirigen igualmente un elogio particular a Jesucristo, el Hijo único del Padre, que al hacerse hombre “no desdeñó el seno de la Virgen y quebrantado el aguijón de la muerte, abrió a los creyentes el Reino de los cielos”. Confiesan que está sentado a la derecha de Dios, en la gloria del Padre y que volverá como Juez al final de los tiempos.
El maravilloso canto concluye con un grito de esperanza en la misericordia divina que invocamos sobre todos nosotros con la aspiración de encontrarnos después de esta vida en la felicidad de los bienaventurados.
3 Cantamos este himno ante el Señor Sacramentado expuesto, signo de nuestra fe y gratitud a Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, que con su muerte y resurrección nos mereció la salvación eterna y quiso quedarse con nosotros en el Augusto Sacramento de la Eucaristía.
A la Exposición han precedido dos lecturas bíblicas que considero muy apropiadas para este momento.
La primera está tomada del Libro de la Sabiduría, sin duda el más importante tratado de “teología política” del Antiguo Testamento, como dice el eminente biblista P. Luis Alonso Schˆkel.
Nuestra lectura recoge la bella oración formulada por Salomón, el hijo del Rey David. ¿Qué expresa Salomón en esta plegaria? Comienza con una sencilla invocación a Dios: “Dios de mis antepasadosÖ Tú formaste al hombre para que dominase sobre tus criaturas, gobernase el mundo con santidad y justicia y juzgase con rectitud de espíritu; dame la sabiduría que reina junto a Ti... Envíala desde el cielo sagrado, mándala desde tu trono glorioso, para que esté a mi lado y trabaje conmigo, enseñándome lo que te agrada”.
“La sabiduría que todo lo sabe y comprende, me guiará prudentemente en mis empresas y me custodiará con su gloria; así aceptarás mis obras, juzgaré a tu pueblo con justicia”.
Realmente es la hermosa oración de un hombre de fe que siente la necesidad de que el Señor le asista en la delicada tarea de gobernar y que considero muy apropiada para que el Señor Presidente la haga suya en este momento.
4 El salmo leído 127 es una oración de confianza con matices sapienciales, “ni el trabajo afanoso ni la vigilia nocturna ni madrugar o trasnocharse tienen sentido si no se deposita la confianza en el Señor”. Hay también una oportuna referencia a los hijos, son ayuda, defensa y apoyo para los padres. Creo que la presencia aquí de sus hijas, Señor Presidente y su distinguida esposa, la Primera Dama Doña Cándida de Medina, es para ustedes un estímulo y un apoyo como lo ha sido en su vida familiar hasta hoy. También ellas deben orar constantemente para que el Señor ilumine y asista a su padre en la difícil tarea de gobernar.
Por su parte, el evangelio que escuchamos está tomado de San Mateo 20, 25-28.
Como tantas otras páginas de los evangelios, puede parecernos extraña y hasta desconcertante. Jesús responde a la petición de los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, que pretenden lugares de privilegio en su Reino, “no saben lo que piden”, dice el Señor.
Jesús aprovecha esta ocasión para dejar establecido su criterio sobre la autoridad, que según el evangelio no es un privilegio sino un servicio: “El Hijo del Hombre no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos”.
Esta plena solidaridad con los hombres y la entrega de su vida por ellos es el programa que Jesús presenta a sus discípulos. Quien está constituido en autoridad debe ser un auténtico servidor de aquellos a quienes gobierna.
5 Como recuerda la Iglesia en su Compendio de Doctrina Social: “El sujeto de la autoridad política es el pueblo, considerado en su totalidad como titular de la soberanía. El pueblo transfiere de diversos modos el ejercicio de su soberanía a aquellos que elige libremente como sus representantes” (N. 395).
Ahora bien, “la autoridad debe dejarse guiar por la ley moral: toda su legitimidad deriva de ejercitarla en el ámbito “que tiene a Dios como primer principio y último fin”. (Juan XXIII, Encíclica Pacem in terris, N. 270).
Consecuente con estas afirmaciones, “la autoridad debe reconocer, respetar y promover los valores humanos y morales esenciales”, que como afirma Juan Pablo II en la Encíclica “Evangelium vitae”, 71: “derivan de la verdad misma del ser humano y expresan y tutelan la dignidad de la persona. Son valores, por tanto, que ningún individuo, ninguna mayoría y ningún Estado nunca pueden crear, modificar o destruir”.
Señor Presidente, durante la campaña electoral que le ha llevado a la Presidencia de la República, Ud. presentó a los electores un Plan de Gobierno, cuyo contenido compendiaba en cuatro grandes capítulos:
I- Vida digna y saludable para toda la población.
II- Economía próspera, competitiva y sostenible.
III- Sostenibilidad ambiental para el desarrollo y adaptación frente al cambio climático.
IV- Institucionalidad pública participativa para el bienestar social.
6. Naturalmente para cada uno de esos títulos especificaba varias importantes prioridades.
Me permito, Señor Presidente, señalar algunas de las que considero más urgentes y creo que muchos de los ciudadanos comparten:
- Garantizar buena educación a nuestros niños, adolescentes y jóvenes, capacitando más a los profesores, exigiéndoles cumplimiento de sus obligaciones, proporcionándoles un salario justo y comprometiendo más a los padres con esa misma educación.
- Combate sin tregua, con ayuda de varios sectores, a la pobreza, garantizando cierta dignidad a las personas envejecientes, capacitando e incorporando muchas más personas al mercado del trabajo.
- Esfuerzo sostenido por devolver la seguridad a la ciudadanía que se siente desprotegida ante una criminalidad desafiante e insolente.
- Enfrentar con decisión el gravísimo problema del suministro de energía eléctrica que por décadas nos ha agobiado.
- Estricto cumplimiento de la Ley, fortalecimiento de la institucionalidad para la vida en democracia y “tolerancia cero” con la corrupción en cualquiera de sus manifestaciones.
7 La seguridad social, que es una de las grandes conquistas de los tiempos modernos, tiene que estar más garantizada para toda la ciudadanía. Debe mejorarse notablemente la que hoy tenemos.
Señor Presidente, todos sabemos que la tarea que le espera no es fácil, son muchos los problemas que tiene el País, los recursos con que contará no son suficientes, además hereda Ud. compromisos que limitan seriamente el ejercicio de su Gobierno.
Me consta que en la República Dominicana y fuera de ella hay muchas personas orando para que el Señor le ilumine, le asista y le conforte en la tremenda responsabilidad que hoy asume. Confiamos en que será así.