Una de las consecuencias más notorias de la
aparición de los teléfonos inteligentes y demás dispositivos móviles es el impacto
que han tenido en nuestra vida social, y no hablo de la gran conectividad que
este objeto omnipresente nos otorga.
¿Hay algo peor que ese ojo que se desliza
impunemente hacia la mano que sujeta el teléfono mientras mantenemos una
conversación? Absorbidos por un mundo virtual, en detrimento del real, nos
estamos convirtiendo en una sociedad de nomofóbicos amparados en la ausencia de
toda norma de conducta, en zombies que deambulan sin escucharse ni mirarse a
los ojos gran parte del tiempo que se supone comparten en un mismo espacio.
No obstante, ya se está perfilando toda una
serie de reglas de buena conducta: no pondrás el celular encima de la mesa
cuando comes acompañado.
El teléfono en silencio hasta el fin de la
comida cuando comes acompañado.
No poner música a todo volumen.