¡Fíjate en mí y no en tu teléfono inteligente!

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Una de las consecuencias más notorias de la aparición de los teléfonos inteligentes y demás dispositivos móviles es el impacto que han tenido en nuestra vida social, y no hablo de la gran conectividad que este objeto omnipresente nos otorga.

¿Hay algo peor que ese ojo que se desliza impunemente hacia la mano que sujeta el teléfono mientras mantenemos una conversación? Absorbidos por un mundo virtual, en detrimento del real, nos estamos convirtiendo en una sociedad de nomofóbicos amparados en la ausencia de toda norma de conducta, en zombies que deambulan sin escucharse ni mirarse a los ojos gran parte del tiempo que se supone comparten en un mismo espacio.

No obstante, ya se está perfilando toda una serie de reglas de buena conducta: no pondrás el celular encima de la mesa cuando comes acompañado.

El teléfono en silencio hasta el fin de la comida cuando comes acompañado.

No poner música a todo volumen.