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Editorial viernes, 17 de marzo de 2017
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Atropellos contra reporteros

Pese a que en el país predomina, en sentido general, un clima de respeto a la libertad de prensa, todavía se hacen patentes actitudes que manchan, ensombrecen o ponen en entredicho esta ganancia de la democracia.

Aun cuando no hay políticas de Estado ni leyes expresamente dirigidas a limitar, poner cortapisas o censuras al trabajo de los medios de comunicación, los periodistas no están exentos de riesgos y daños directos en el cotidiano ejercicio de su deber.

Hay gente que se cree con derecho para atropellar o “negrear” a los periodistas porque los ven como unos intrusos o necios, ya que en la búsqueda de la noticia estos despliegan todas sus capacidades para lograr una entrevista o una buena gráfi ca o video de algún evento que luego reportan a toda la sociedad.

Así se comportan los reporteros en todo el mundo. Sus formas e insistencias en obtener la noticia enfadan a muchos que llegan al extremo de bloquearlos, agredirlos verbal y físicamente y hasta despojarlos de sus equipos, ignorando que su misión y responsabilidad no les deja otros caminos que sacar a fl ote la verdad, cual que sea la circunstancia.

Año tras año, en los balances que hace la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) sobre el estado de la libertad de prensa en la República Dominicana, estos episodios de agresión fi guran como recurrentes, lo que indica que aún persisten formas de irrespeto y de intolerancia a la labor del periodista.

Mayormente ocurre con los guardaespaldas de funcionarios o políticos, que extreman el celo de su vigilancia y llegan a ejercer injustifi cada violencia contra reporteros pacífi cos, bien conocidos en el medio, solo para que sus jefes vean que están fajados en su tarea de protección.

Lo penoso es que tales actos quedan impunes constituyéndose en un incentivo a la reincidencia.

Sin embargo, esos espalderos no actúan de igual forma cuando los jefes se mueven entre la gente común y corriente de los barrios o los campos buscando votos, abrazando pobres o entregando dádivas, donde sí es posible que los riesgos a su integridad sean mayores que cuando lidien frente a los periodistas, sometiéndose al ineludible deber de rendir cuentas de sus actos a la sociedad.

Los periodistas son profesionales que representan el ejercicio y la garantía de una libertad tan sagrada como la de la información y por tanto merecen ser respetados en su dignidad y en su propia condición de ciudadanos, un tanto privilegiados porque la sociedad los tiene como sus interlocutores frente al poder.

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