Editorial 3 Marzo 2013
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Inseguridad ¿de qué?

El país ha sido, dentro de las naciones del Caribe, el líder en recepción de inversiones extranjeras directas en diferentes áreas de la economía.

En la más reciente tabulación, cortada al 2011, dicha inversión fue de 2 mil 371 millones de dólares. Esa tendencia se fortaleció el año pasado.

En la última década, al país le han ingresado 21 mil 013 millones de dólares de empresarios extranjeros que arriesgan sus capitales en negocios tan diversos como la minería, las telecomunicaciones, el sector inmobiliario y el turístico.

En el campo de las manufacturas, las seguridades que brinda el país han permitido la instalación de 279 empresas extranjeras que sólo el año pasado tuvieron ventas por más de 5 mil millones de dólares, jugosas por demás.

En el sector agroindustrial la situación ha ido mejorando todavía más. Los productos exportables le generaron a las empresas, nacionales o extranjeras o mixtas, unos 9 mil millones de dólares, apuntalando a la economía, en sentido general, que ha crecido sostenidamente año tras año, aun en medio de la crisis internacional.

Otras pruebas de confianza en el futuro económico del país han quedado plasmadas en estos días con los anuncios de inversión por 600 millones de dólares en hoteles y en un centro comercial en Punta Cana, por parte de empresas españolas, rusas y norteamericanas, más 590 millones de dólares que pondrán las tres telefónicas más importantes radicadas aquí para modernizar sus equipos y ampliar sus negocios, así como la adquisición, en el mercado de capitales, de una emisión de bonos subordinados del estatal Banco de Reservas por 300 millones de dólares.

La empresa generadora de electricidad EGE-Haina acaba de informar de sus planes para invertir 1,200 millones de dólares en plantas que producirán mil nuevos megavatios para el sistema energético nacional, y el grupo comercial Centro Cuesta Nacional (CCN) ratificó el viernes su disposición de seguir invirtiendo millonarias sumas para expandir sus negocios en el país, gracias a las garantías que ofrece el Estado a los inversionistas.

Sin seguridad jurídica difícilmente hubiésemos tenido semejantes inyecciones de capitales, foráneos o nativos, para sustentar el crecimiento de la economía y, por ende, el desarrollo nacional. Estas cifras, que apenas retratan parte del panorama general, son una elocuente prueba. 

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