No parece una tendencia, pero cada cierto tiempo, casi de manera cíclica, la sociedad dominicana es sacudida por espirales de violencia que hacen que nos cuestionemos seriamente sobre el alcance de este fenómeno y sobre la capacidad real del Estado para protegernos.
Es como una onda que, tras períodos de calma, nos enfrenta de pronto a hechos inimaginables como el asesinato de una pareja de ancianos en su residencia o el ataque a una joven indefensa para robarle su vehículo, por poner sólo dos recientes ejemplos.
Es en ese momento cuando los líderes de nuestra sociedad y las autoridades vuelven a elaborar teorías sobre el origen de la criminalidad y la delincuencia, plantean soluciones que pocas veces se aplican y se enredan en debates que de nada valen ya para las víctimas de esas olas de violencia.
Por eso es tan importante que el presidente Danilo Medina haya sabido interpretar la preocupación de las familias dominicanas en torno a este problema, y que haya reiterado esta semana su intención de modernizar a la Policía Nacional como un primer paso para hacer que nos sintamos más seguros.
Porque es evidentemente cierto que una Policía mejor preparada, con buenos salarios (que implica menos corrupción) y bien equipada, es una garantía para la población de que tiene en quién confiar, y un paso correcto en el sentido de que la prevención es parte fundamental para enfrentar el crimen y la delincuencia.
El país reclama una profunda reforma de la Policía Nacional, y que cese la violencia a la que nunca hemos estado acostumbrados. Para empezar, confiamos en la palabra del Presidente.