Él hizo reír al pueblo, en medio de sus angustias, pero también supo llorar ante ellas, con justa indignación. Fue un ser humano auténtico, de fascinante personalidad.
Sensible al dolor o a los padecimientos de niños y ancianos, se entregó a la causa en Corazones Unidos, salvando muchas vidas.
No hubo tarea o campaña de interés social, o patriótica, en la cual no militara con entusiasmo, usando únicamente las fortalezas que tenía en su quehacer de artista: su fino sentido del humor, su capacidad para hacernos reír y olvidar los malos momentos, o sus explosivas rabiacas, más de indignación y dolor que de temperamento, para quejarse de las tantas cosas incorrectas, injustas y abusivas que afectaban a un pueblo que él quiso mucho, un pueblo que también lo adoró intensamente.
Hombre de inmenso valor, soportó durante varios años el proceso que degradaba su salud, y aún así seguía siendo el mismo de siempre, la luz de la alegría, la mano solidaria, el amigo de todos.
Y encontró a Dios en su camino. Y Dios lo llamó a su lado. Y su despedida fue sublime, tranquila, en paz total.
Hemos perdido a un gran dominicano, a un gran humanista, al gran cultor de alegrías y solidaridades, a un ser irrepetible. Lo lloramos de veras. Y nunca lo olvidaremos.
Paz al alma de Freddy Beras Goico.