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25 Octubre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 5:34 PM
Economía & Negocios 7 Noviembre 2013
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CON EL SUDOR DE SU FRENTE
Ventas de frutas para sobrevivir
Pilar Solís comparte su historia de trabajo como vendedor de comida en las calles del Distrito Nacional desde hace 23 años
  • Muchos clientes potenciales. Uno de los factores determinantes del éxito del negocio de Pilar es el gran número de personas que trabajan en las empresas e instituciones grandes cercanas a su puesto. Algunas son LISTÍN DIARIO, el Banco Popular e Infotep.
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Windler Soto
windler.soto@listindiario.com
Santo Domingo

Pilar Solís supera cada mañana los efectos de la exclusión social gracias a su puesto improvisado de frutas, pues con él obtiene los ingresos que le permiten sostener a su esposa  y sus cinco hijos, además del sentido de pertenencia y libertad que le proporciona trabajar en su propio proyecto que, aunque pequeño, es el fruto de su trabajo.  

Su jornada inicia antes de que salga el Sol, cuando se dirige desde el kilómetro 12 de la avenida Las Américas al Mercado Nuevo de la avenida Duarte en busca de las frutas que luego pone a disposición de los clientes que cada mañana se acercan a su puesto en el ensanche Miraflores, en el Distrito Nacional.

Allí ofrece piña, lechosa, melón, mango, guineo, aguacate, manzana, en fin, la mayor variedad de frutas disponibles, las cuales traslada en un vehículo que alquila diariamente en RD$300, mientras que su compra diaria de frutas puede oscilar entre los RD$2,000 y RD$3,000.

Este negocio me alcanza para vivir junto a mis cinco hijos y mi esposa desde hace 23 años".
Pilar Solís, vendedor de frutas.

Temprano, lo espera su clientela en su puesto que levanta cada mañana en la acera del Paseo de los Ferreteros. La gente generalmente prefiere piña, lechosa, guineo, esa son básicamente las más pedidas.

Sus ventas diarias oscilan entre los RD$3,000 y los RD$2,500, lo que le alcanza para vivir. “Me he aguantado con eso”, afirma mientras suelta una carcajada.

Además de frutas, vende dulces, chicles, galletas, bizcochitos y maní, los cuales adquiere en casas comerciales o espera a que pasen los vendedores por su negocio.

Para Pilar las ventas presentan unos buenos niveles, lo cual le permite renovar diariamente su inventarios de productos, muchos de los cuales son perecederos. Entre risas lo admite. “Generalmente lo vendo todo”, explica. Esto le permite tener que lidiar con el traslado de mercancías de vuelta.  

Parte de su éxito se debe a la ubicación de su puesto, un lugar rodeado de empresas con muchos empleados, miles en algunos casos.

Diariamente se esfuerza en comprar las frutas que luego pone a disposición de sus ya asiduos clientes en el Ensanche Miraflores.

Y es que además Pilar ha cultivado una clientela fija, gracias a su interacción amable que ha hecho del suyo un negocio casi imprescindible para muchos de quienes laboran en ese sector de la capital.

Los trabajadores ven el puesto de Pilar como una alternativa barata y rápida para desayunarse antes de iniciar sus respectivas jornadas. Un plato de frutas puede costar entre RD$50 y RD$70.

Pilar ya tiene 23 años como frutero. Sus inicios fueron a orillas de la avenida Máximo Gómez, donde permaneció durante unos ocho años y luego se trasladó hacia el lugar donde hoy permanece.

Sus planes en el mediano plazo no están del todo definidos, pero de forma somera espera que su negocio crezca y le siga reportando los beneficios económicos suficientes para responder por su numerosa familia.

Sus hijos tienen edades de 21, 18, 10 y 8 años y uno de siete meses. Los cuatro mayores están estudiando y le ayudan a su padre cuando disponen del tiempo suficiente.

Para sus hijos, desea que estudien y se superen. Una de sus satisfacciones es que la mayor ya está en la universidad estudiando ingeniería industrial y empieza a construirse su propio futuro profesional, lejos de las calles y de los intensos rayos del sol.

Trabajo
El sector informal tiene un gran peso dentro de la economía dominicana. En 2000 el 50.8% de las personas ocupadas operaban en el sector informal, y en el 2005, este porcentaje se elevó a 56.2%. Las cifras provienen de la Unidad de Información Social (UIS) del Secretariado Técnico de la Presidencia.

Se han encontrado aumentos significativos en algunos sectores, como el caso de la agricultura y la ganadería, en los cuales el empleo informal creció de 81 a 88% entre 2000 al 2005. En la construcción hubo un aumento del 77 al 85%, en el comercio subió de 61 a 70% y en el sector transporte y comunicaciones, el empleo informal aumentó de 69 a 73%.

Esta informalidad refleja precariedad estructural y representa más que un reto para el país.

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