Pedro Ureña es un médico cardiólogo que llena de orgullo a República Dominicana. Su vocación es una bendición, un privilegio del que está agradecido, no sólo de palabras, sino también de obras.
La fundación Heart Care, que dirige, es un fiel testimonio. Un proyecto que comenzó minúsculo hoy día es una tangible realidad para miles de dominicanos que no tienen acceso a servicios tan costosos como los que ofrece. Su entrega y pasión por lo que hace es una ventana abierta por la que se cuelan aires de esperanza y bienestar.
Sin estridencias, ruidos ni poses, ha puesto sus manos a disposición de su país, al cual luego de una intensa preparación en el extranjero regresó con el firme propósito de más que dar, darse. No obstante, su trato cálido y humano trasciende su incalculable experiencia, sus amplios conocimientos y los distintos reconocimientos de que ha sido objeto.
Uno de ellos es ser considerado como uno de los mejores cardiólogos del país. Esto, sin embargo, no lo duerme en sus laureles, más bien lo ve como un compromiso de seguir dando lo mejor en cada intervención, en cada paciente que deposita su confianza en él. Y es que este dominicano tiene un corazón enorme, no debido específicamente a una patología, sino más bien a la cantidad de niños, hombres y mujeres que guarda en él, a los que ha tocado con su candidez, esos que hoy agradecen a Dios poner en su camino a un hombre que se regocija en aquello de que es mejor dar que recibir.
Las imágenes lo avalan, hablan por sí solas, reflejan un ser pleno, con una familia hermosa y una firme convicción de haber tomado la decisión de dejarse tocar como un instrumento valioso en las manos del Creador.
RS: En el país tenemos en muchos casos una especie de dinastía, ¿cómo nace en usted la vocación por la medicina? ¿Cuál fue su caso, le viene de familia?
PU: Realmente no. La mayoría de mi familia es comerciante, personas de negocios. Desde pequeño me sentí muy identificado con la medicina, quizás en parte por el terror que le tenía al pediatra; pero también comencé a reconocer el confort que da el profesional de la medicina. Mi mamá me dice que desde los cinco años yo decía que iba a ser médico. A medida que pasaban los años esa vocación fue creciendo y siempre me identificaba mucho con la profesión. Creo que es una profesión con unas características especiales, uno conoce al ser humano en un momento difícil. Creo que es una profesión hermosa y me siento privilegiado de poder ejercerla.
RS: ¿Por qué dedicarse a la cardiología y no quizás a la pediatría u otra rama?
PU: Es interesante. Desde que uno empieza a conocer las distintas áreas del cuerpo humano, uno siente cierta fascinación por órganos específicos. Recuerdo que de los cuatro compañeros que estudiamos juntos, dos del grupo se fueron por otras ramas y dos decidimos que era el corazón. Eso tiene que ver mucho con la importancia del sistema cardiovascular y también tuve unos buenos modelos a seguir. Tuve unos profesores de la categoría del doctor Bernardo Defilló, el doctor Sócrates Bello, que desde muy temprano influyeron en mis años de estudiante.
RS: Sé que su formación ha sido muy extensa, ¿pudiera resumirnos en qué ha consistido?
PU: Me gradué en Intec. Luego hicimos una pasantía durante seis meses en una zona rural, donde uno pasa a formar parte de esa comunidad, ya que literalmente uno vive ahí, siente y padece, pasa las mismas penurias que los habitantes que allí viven. Ese momento fue crucial. Yo terminé en el 1988, tenía 21 años; luego me fui a Estados Unidos, hice medicina interna en el Hospital Monte Sinaí. Fue un cambio muy dramático, una diferencia abismal con relación a lo que teníamos aquí, practicar la medicina en un país desarrollado. Luego hice cardiología y finalmente me fui a ser intervencionista en la Universidad de Brown, en Rhode Island. Regresé al país porque quería hacer una medicina con la cual me sintiera identificado, con el mismo nivel que estábamos haciendo en Estados Unidos. Tuve la grandísima suerte de que cuando regresé, el doctor Manuel Taveras daba los primeros pasos de lo que es la Plaza de la Salud y Cedimat. Él creía mucho en que nosotros teníamos que tratar de llegar a tener el mismo nivel de Estados Unidos para la población dominicana; ese era su sueño. Debido a eso estoy en mi país, estoy con mi gente. Estoy practicando medicina en un sitio que puedo hacer lo mismo que hacía antes de venir, y hacerlo con el nivel y actualización que requiere la especialidad.
RS: Además de Cedimat, ¿cómo divide su tiempo de trabajo?
PU: Realmente trabajo en tres lugares: Cedimat, donde dirijo el departamento cardiovascular; la clínica Abel González, en la que admito pacientes, donde tuve mis consultas durante muchos años, y MedicalNet, donde tengo consultas en las tardes. Mi día empieza a las seis de la mañana. Voy a Cedimat, paso visita, hago procedimientos; luego voy en la tarde a MedicalNet, donde hago consultas, después a pasar visita en la noche, en ocasiones se presentan emergencias que debo atender, y también tengo otras labores en la fundación Heart Care Dominicana.
RS: Háblenos un poco de la fundación, en qué consiste y que servicios ofrece?
PU: Nosotros presidimos Heart Care Dominicana. Como su nombre lo dice, trata problemas del corazón. Lo que hemos tratado desde sus inicios es el poder llevar medicina de alto nivel a pacientes de escasos recursos. Aquí tradicionalmente las fundaciones podían hacer muy poco, por los altos costos que implican estas operaciones. Desde el año 2000 empezamos un grupo de colegas, entre los que están el doctor Freddy Madera, la licenciada Nelba Peláez, que es quizás la más activa de la fundación, a identificar cuáles sectores necesitaban más atención, y comenzamos a trabajar con niños con problemas del corazón. Realizábamos tres o cuatro jornadas por año, con la finalidad de corregir estos problemas; pero también de entrenar un personal local, para que algún día nosotros pudiéramos resolver nuestros problemas. Esto evolucionó de forma tal que, junto a Cedimat, la fundación hace seis jornadas pediátricas todos los años; contamos con todo un departamento cardiovascular en nueve años de labor, formado por enfermeras, técnicos, cirujanos y pediatras. Estamos ahora en la parte más avanzada y estamos próximos a hacer un hospital de cardiología pediátrica avalado por la fundación. También trabajamos con adultos, les ofrecemos cirugías cardíacas, marcapasos, cateterismos, y eso es algo que se mantiene de manera constante. Tenemos más de mil doscientos niños operados y una cantidad de miles de pacientes evaluados gracias a la colaboración de tanta gente y, obviamente, al trabajo incansable del doctor Freddy Madera y otros tantos colegas.
RS: Ha sido mucho lo logrado en estos años, ¿cómo estos logros lo hacen sentir, no sólo profesionalmente, sino también personalmente?
PU: Cuando uno da recibe mucho a cambio. Me transporto a mi pasantía, cuando íbamos a la montaña y hacíamos consultas gratis, campañas de desparasitación, procesos muy sencillos, pero era increíble cómo uno se sentía al final del día. Yo realmente dejé de sentir eso por ocho años que tuve fuera, porque en Estados Unidos, si bien es cierto que hay una medicina de mucha calidad, los procesos son muy automatizados, vamos a lo que vinimos. Cuando comenzamos a involucrarnos en la fundación, luego de mi regreso, fue casi como una nostalgia, un déjame volver a sentir eso que yo sentía, que era tan importante para mí en mi época de estudiante. Y te puedo decir que no hay nada que me dé más satisfacción que cuando yo veo tantos jóvenes médicos que se involucran con nosotros, que están viviendo esa situación, que están diciendo que en nuestro país se puede ayudar, que se puede hacer medicina con mucha calidad para personas que no tienen acceso. En países desarrollados te das cuenta que las grandes instituciones se han hecho en base a donaciones, porque la gente sabe que invertir en salud es invertir en sí mismo. No importa quiénes seamos, en algún momento nos vamos a enfermar; por eso es importantísimo que tengamos la estructura. Creo que lo estamos logrando. Y tenemos que hacerlo en base a que se haga un trabajo con calidad y más personas tomen conciencia en la necesidad que hay de mejorar el sistema nuestro, para que en el día de mañana no haya necesidad de irse fuera. Ojalá que Dios me dé los años suficientes para verlo. Estoy convencido de la capacidad de nuestros profesionales.
RS: Como catedrático universitario, ¿qué quiere dejarles a sus estudiantes?
PU: Estoy involucrado con Intec. Antes daba clases, pero por los distintos compromisos he tenido que dejarlas, aunque quiero retomarlas. Estamos coordinando un programa de pasantías, tomamos los mejores estudiantes por año y tratamos de enseñarles desde varios puntos de vista. Ese es un trabajo doble, no solamente estamos formando un profesional, sino que también estamos cambiándole su visión. Cuando la mayoría llega a la pasantía piensa en irse fuera del país, luego de haber concluido, y quedarse por allá. Te puedo decir que un alto porcentaje de los que se han ido fuera están locos por regresar, porque se ha dado un ejemplo de que se pueden hacer las cosas en el país. Yo entiendo que la formación de instituciones de alta tecnología y alto nivel, va a hacer una de las formas de nosotros atraer a esa futura generación de profesionales que va a contribuir para que podamos seguir desarrollándonos, y es así como se fortalecen los países, en base a su gente que pueda contribuir.
RS: Ha sido reconocido como uno de los mejores cardiólogos del país, ¿qué significa para usted el reconocimiento?
PU: Me siento un ser bendecido, por poder encontrar las herramientas que me han ayudado a realizar mejor mi labor. Definitivamente, me tomo esta profesión muy en serio. Cada paciente que viene donde mí pone lo que tiene, o sea, todo, su salud; es una responsabilidad muy grande y me la tomo en serio. Soy bendecido porque cuento con un equipo humano que es espectacularmente bueno. Me siento muy orgulloso de mis enfermeras, de mis técnicos, mi sala de hemodinamia, que es para mí como mi santuario, donde yo realmente siento que estoy haciendo lo que me gusta hacer. Contar con ese equipo de gente es lo que hace que nuestra labor pueda ser mejor. No es el valor mío, es el valor de un grupo de personas. El cardiólogo, sobre todo como yo que trabajo con procedimientos complejos, de emergencia, no es nadie sin un buen grupo en Cuidados Intensivos; no es nada sin un buen grupo de cardiólogos que ayude a diagnosticar, también con buenos cirujanos. Cuando me hablan de reconocimiento, digo que tenemos que reconocer esa orquesta que hemos trabajado juntos y hemos hecho la diferencia.
RS: ¿Qué siente la persona más que el profesional al saber que en ocasiones tiene en sus manos la vida de otro ser humano?
PU: No existe una palabra que pueda definirlo con exactitud. En medicina no podemos hablar de que todo va a hacer un éxito, porque las personas fallecen. Para el médico es una frustración muy grande cuando el paciente muere y uno hace todo lo posible, es extremadamente frustrante, pero es satisfactorio cuando las cosas salen bien. No hay palabras para describir cuando uno debe hablar con una familia y decirle que no sabemos lo que va a pasar, que las horas son cruciales...
A mí siempre me decían que me iba a acostumbrar después de unos años, tengo veintiún años de ejercicio, y todavía llego a mi casa y no duermo si tengo un paciente grave, me levanto tempranito a ver qué puedo hacer. Por eso les digo a mis estudiantes, que el día que yo pierda ese interés, esa emoción, entonces las cosas van a cambiar. Le pido a Dios que me siga dando ese tipo de sentimientos hacia el paciente que ha puesto en mis manos su vida, su salud.
RS: Siempre he dicho que la primera medicina es el trato humano, cálido, que se le dispensa a la persona enferma porque la gente va a los hospitales con miedo, con dolor, y vemos cómo muchos profesionales de la medicina de una manera u otra se van deshumanizando….
PU: Eso es difícil en una época en que todo es tiempo, todo es deprisa. Yo entiendo que muchas veces uno no puede prestar la misma atención, pero nos ayuda mucho cuando nosotros los médicos somos pacientes, cuando tenemos un familiar en el quirófano y estamos fuera en la sala esperando, a veces cuando nos ponemos en esos zapatos nos sensibilizamos. Yo trato de sentir como siente esa persona. Trato de ser comunicativo, de explicar las cosas, de presentarles a los pacientes tanto los aciertos como las dudas que puedan tener, creo que es parte de lo que le debes al paciente.
RS: Usted fue uno de los doctores que hace unos años operaron al cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, ¿tuvo esta intervención, por tratarse de la personalidad de nuestro cardenal, una carga adicional? ¿Qué significó para usted y su equipo este voto de confianza en la medicina dominicana?
PU: Cuando tú estas en una nación eminentemente católica como la nuestra, donde tienes la figura máxima de esa iglesia representada en él, pero aparte de eso él también dirige nuestro centro, no hay duda que existe una carga adicional. Pero hay una situación con él que a mí me hace sentir muy bien. En la primera reunión que sostuvimos los médicos dijimos que teníamos que tratarlo como todos los pacientes, que teníamos que hacer todo exactamente como lo hacemos siempre, no era la primera operación que hacíamos. Fue el cirujano Freddy Madera que realmente lo operó, yo estuve en el cateterismo y el seguimiento. Ahora bien, a mí me preocupaba que el tener que estar dando boletines diarios a la prensa me pudiera quitar un poquito de enfoque en lo que estábamos haciendo, cuyo objetivo era que todo saliera bien. Por otro lado, siempre digo que ha sido el espaldarazo más grande que personalidad alguna haya dado a la medicina. Reconozco que él ha sido un abanderado de esta institución, uno de los principales apoyos en muchos de los logros que se han obtenido. El poder mostrar esa valentía y decir yo me voy a operar aquí porque confío en mis médicos es un mérito. El presidente de la Sociedad de Cardiología en ese entonces lé mandó una carta de agradecimiento en nombre de todos los cardiólogos dominicanos, porque realmente la gente comenzó a ver las cosas diferentes, de que sí podemos hacer las cosas bien, con calidad y un aspecto humano que muchas veces no tenemos cuando vamos fuera. Entiendo que fue un momento histórico que siempre va a hacer recordado.
RS: Su profesión es una de las que más se asemejan de una manera u otra al Creador, ¿cómo define usted su profesión?
PU: Yo defino mi profesión como una mezcla interesante de arte, ciencia y psicología. Psicología porque tiene que tratar de manejar situaciones de emociones muy fuertes, tanto del familiar como del paciente. El médico va desarrollando una forma de decir las cosas que puede confortar a los familiares. La medicina también tiene mucho de arte, muchas veces hay que inspirarse en procedimientos para que te salgan las cosas lo mejor posible. Y ciencia porque todo lo que involucra medicina, tecnología, desarrollo, fisiología es ciencia, es la base. Yo te diría que es una profesión que abarca muchas áreas en las que hay que buscar el balance. No puedes ser un científico excelente, si no tienes el arte y la psicología; no puedes ser puramente psicólogo y no tener la parte científica en las manos, hay que tratar de lograr ese balance, que es lo que diferencia a un buen profesional. Cuando paso visita con mis muchachos, ellos saben que vamos a discutir el tema de manera científica; pero también yo voy a discutir otros detalles, como por ejemplo: ustedes vieron lo que hicimos ahí, hicimos un chiste para romper el hielo, oyeron que dije lo bien que se veía la señora, porque eso es parte. En la universidad muchas veces nos concentramos en enseñar la parte académica y nos olvidamos que estos jóvenes van a salir a la calle. Debemos tratar de formarlos de una manera más efectiva para que se puedan adaptar a esa sociedad que demanda sus servicios.
RS: Hablando del Creador, veo que en su consultorio tiene algunas imágenes que hablan de su creencia en Él, ¿cuál es su idea o concepto de Dios, qué significado tiene en su vida?
PU: Yo no te puedo decir que soy una persona religiosa desde el punto de vista de que todos los domingos estoy en la iglesia, aunque me gustaría poder hacerlo; junto a mi esposa y mis hijas estamos tratando de acudir un poco más a la iglesia. La realidad es que no tengo más excusas excepto el hecho de que vivo en un corre corre; pero sí creo en Dios, soy católico, trato de pasarles esta creencia a mis hijas, rezamos todas las noches. Me considero como una especie de instrumento, porque existe un poder divino que hace que todas estas cosas funcionen. Ahora bien, Él usa una ayuda y esa somos nosotros. Creo en los milagros, creo en Jesucristo, tengo mi visión muy clara de que no necesariamente la ciencia y la religión tienen que ir en contraposición. Las personas más brillantes que he conocido tienen un conocimiento científico excelente y al mismo tiempo un fervor religioso.
RS:¿Cómo se logra el balance entre el trabajo y la familia?
PU: Lo que trato es de que el tiempo que pasemos juntos sea de calidad. Yo quizás no pueda estar ahí todos los días como quisiera, pero el día que estamos lo disfrutamos. Mi esposa es muy dada al hogar, cenamos juntos aunque llegue tarde, desayunamos juntos también. Las niñas me esperan y los fines de semana descanso lo más que pueda en casa. Yo vine al país casado, ya con dos hijas. Cuando llegamos sabíamos que nos enfrentábamos a un reto. Ella se casó conmigo siendo yo residente, que es un proceso muy fuerte y difícil, no te niego que hay muchos momentos que yo hubiese querido poder estar y no pude. No existe lo que es el balance perfecto, pero trato de compensar lo más que pueda.
RS: ¿Qué ha sido lo más gratificante de su carrera?
PU: Si te soy honesto y miro hacia atrás, lo más gratificante de mi carrera ha sido el poder regresar a mi país y ejercer una medicina con la cual me siento satisfecho. Yo regresé al país con cierto temor, pero era un reto, y para ser honesto me siento tan feliz de que yo miro para atrás y puedo decir: qué bueno que regresé, que puedo ir todos los días a mi trabajo y sentirme contento con lo que estoy haciendo.
RS: MedicalNet recientemente cumplió dos años, usted como uno de los miembros fundadores puede resumir el balance de estos dos años, ¿qué ha significado en sentido general este edificio de consultorios?
PU: MedicalNet es un concepto que comenzamos a modo de chiste. Un día la doctora Frankenberg y yo hablábamos de todas las quejas que tienen los pacientes, y pensando en esto se nos unieron dos personas más y de repente lo que iba a hacer una casa de dos plantas se convirtió en un edificio de siete. Siempre he dicho que cuando vas al médico ya tienes suficiente aprensión. El sólo hecho de tener que ir al médico es una carga como para que el ambiente también sea malo, y pensar en el parqueo, que el elevador este dañado, que no tenga aire acondicionado, etc. Creamos un ambiente de trabajo donde se le da confort al paciente. La realidad es que hicimos un sacrificio grande para hacer este edificio y tuvimos la suerte de que se nos uniera un grupo de colegas de nuestra confianza, con un criterio de excelencia igual al nuestro, y los resultados han sido muy buenos. Ha sido una empresa que ha superado sus expectativas.
RS: Para todos nuestros lectores, ¿cómo podemos mantener nuestro corazón sano?
PU: A grosso modo, pienso que toda persona debe hacerse una evaluación antes que nada. Para que los lectores entiendan, nuestro cuerpo es como una maquinaria que hay que darle mantenimiento. Hay cosas que son de salud general: todo el mundo debe hacer ejercicio, tratar de comer balanceado, tratar de mantener el peso; pero tenemos que prevenir, la mayoría de los problemas serios eran detectables antes de su evolución. En el corazón es donde más esto pasa. Es la primera causa de muerte a escala mundial y, sin embargo, todavía un sector importante de la población no sabe cómo esta su presión, su colesterol, su azúcar, y son cosas que realmente deben cambiarse; tenemos la responsabilidad de difundir ese mensaje. La parte preventiva es esencial y, obviamente, hábitos de vida saludables. Consideremos al cuerpo como un templo que hay que cuidar.
CONFESIONES ÍNTIMAS
Nombre completo: Pedro Enrique Ureña Velásquez.
Lugar de nacimiento: Santiago.
Fecha de nacimiento: 9 de diciembre de 1966.
No puedo vivir sin… mi familia.
Me gusta comer... la comida dominicana.
Me gusta beber... casi no tomo alcohol, pero el whisky es lo que más me gusta.
Me considero una persona... determinada.
Tengo debilidad por... mis hijas.
Una de mis fortalezas es... la perseverancia.
¿Dulce o salado? Salado.
Mi familia es... todo.
El dinero es... un medio que facilita cosas.
Me preocupa... el futuro de mi país.
No me doy el lujo de... perder el tiempo.
Nunca olvido... mis años de estudiante.
¿Es fácil ser pedro ureña? No.
¿Por qué? Por todo lo que uno se exige y lo que uno representa en muchos aspectos.