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CON MIS OJOS

Lo natural y lo normal

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María Isabel Soldevila

Desde hace 10 meses vivo en un mundo diferente. Lo primero era dar los pasos necesarios para un embarazo y parto saludables. Desde temprano surgió la presión tácita que orientaba hacia una cesárea electiva.

La resistencia salpicada de cursos de preparación al parto natural y múltiples lecturas de las tendencias internacionales chocaban con la realidad local. “Lo natural debe ser lo normal”, me dije. No necesariamente.

En internet se pueden apreciar cifras sobre la inicidencia de cesáreas electivas en el país. En 2009, Infante Sano organizó una Mesa Técnica sobre Cesárea y aportó el dato de que 44.3% de los partos en RD se hace por cesárea.

El triple de lo recomendado por la OMS. Otros estimados llegan a cifrar hasta en 50% las intervenciones quirúrgicas en hospitales como la Maternidad Nuestra Sra. de la Altagracia o el Hospital de la Mujer. Lo “normal” ya no es lo natural en nuestro país.

El segundo paso fue la lactancia.

¡Qué mejor manera de nutrir a un recién nacido que el fruto de la propia madre! No es tan sencillo como parece. La presión comienza en la clínica.

“Ese niño chupa con demasiada (sic) fuerza”, dice una enfermera.

“Hay que darle un biberón”.

Y el mundo comienza a conspirar contra la bienintencionada madre.

Los tres o cuatro días de calostro son una prueba. Los labios del bebé se resecan y la familia, con las mejores intenciones, presiona. Lo natural parece no ser lo normal en nuestro país. Vienen las recetas de té, de agua con glucosa.

Vienen los pediatras antilactancia (por suerte no el mío) los que solucionan todo con una botellita de fórmula.

Vienen los dolores de la novatada y lo natural sigue alejándose de lo normal. A la presión y desgaste naturales de los primeros días, se suman las dudas y las presiones para que no se dé el seno.

Tendremos que analizar cuándo lo natural dejó de ser normal. Y volver a plantearnos qué es lo mejor -tal vez no lo más cómodo, pero sí lo más provechoso- para nuestras familias.

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